Dear Diary

9 Jul

Today I am writing this in English and the reason is very simple: I don’t want my parents to worry about me. I don’t want them to think there is something wrong. But there is.

 

Truth be told, I’ve been depressed for a while now. I’m already used to having ups and downs but this time down isn’t going up and it feels like I have to drag myself to do the usual daily tasks. I drag myself from bed, I drag myself to work, I drag myself home again and so on. I try to put a smile on my face and laugh because I believe that maybe I can fool myself into feeling good but it hasn’t been possible. I try hard to fool myself but I guess I’m not that stupid.

 

And yes, I know depression lies, I know there is a bright world outside my dark mind and I know nothing horrible is going on and yet I can’t find reasons to be joyful, happy or even relaxed. I’ve read that my new anti-seizure meds can cause depression, hallucinations and more side effects and currently I really hope it’s that and not that Prozac stopped working for me. I need to go to the doctor, I know, but I’ve been too much to the doctor lately (with my brain aneurysm and all that I had to live last year). I think I probably need a shrink, but I need the neurologist first and it sucks to think about so many doctor appointments I need to get just to fix a little switch in my brain.

 

My brain is all fucked up. I guess it has always been like that and I’ve managed to live with it. It’s not like I’m going to flirt with suicide. I don’t want to kill myself; I just want to stop living. So that’s exactly how I feel right now: without any will to live. Without hope and it also drives me mad because there is no reason to be hopeless. I have a beautiful marriage, awesome parents, three cute cats, a nice job, videogames and books and still life doesn’t seem worth living.

 

Maybe that is what gets me angry the most: my inability to shake this depression away with all the good things I have. I don’t want to seem ungrateful, but I am. I don’t even know whom should I be thankful to because I don’t believe in God, but at least I should be able to be grateful to the people that stand by my side everyday. I guess this too shall pass, like so many depression periods before this one and many ones that will come. Rationally I KNOW the world is not bad and I KNOW this is just the lack of serotonin talking, but emotionally FEELS a little bit different. It feels like a tunnel with no way out. A tunnel that you walk and just takes you deeper and deeper into some unknown darkness. Like a bottomless pit that you know can’t possibly be bottomless, but totally feels like it. You just want to reach the bottom and find a way out but instead you keep falling and falling. This sucks. Stupid bottomless pit. Stupid dark tunnel.

 

Writing this is a way to let my feelings out so that they don’t drown me. I’m not looking for help or trying to get attention. I just wanted to post this so that maybe by letting words come out I can feel the brightness come in again.

7 meses después de Fuckencio

15 Apr

Es 15 de abril. eso es casi 7 meses después de la hemorragia cerebral causada por el aneurisma que casi me mata y hoy, con menos secuelas que cuando escribí la última entrada, puedo decir que estoy bien. Muy bien. Me hormiguea el lado derecho del cuerpo y me tiembla. Me cambiaron los anticonvulsionantes porque se me estaba cayendo el pelo, estoy más miope y ya tengo gafas permanentes, pero estoy bien. Mejor que bien.

Por alguna razón estoy nostálgica y hoy pienso en mi papá, mi mamá y mi hermanita. En su dolor de esos días de clínica porque yo ahora hago bromas con lo que viví, con lo que le pasó a mi cuerpo, pero jamás voy a poder saber lo que ellos vivieron y el infierno que su vida fue al pensar que una de sus hijas (o para mi hermana, su única hermana) se moría frente a sus ojos. Mi mamá me preguntó que qué sentiría yo si Aníbal, uno de mis gatos, se enfermara de gravedad. Al imaginarlo sentí dolor y pude imaginar un poco de lo que ellos vivieron, pero solo un poco. Un poco, muy poco. Mi mamá también me dice que no tengo nada que agradecerles a ellos porque son mis padres, porque lo mínimo que debían hacer es cuidar mi vida y preocuparse por mí, pero yo siento que me quedo corta en agradecimientos cada vez que pienso en todo lo que hicieron. Me siento muy boba también, pero eso es normal.

En un mes me voy con ellos para la playa. Con ellos, con mi abuela, con mi hermana, con mi esposo y con el novio de mi hermana y es increíble la emoción que me inspira ese paseo. Ya quiero que llegue el día de tomar ese avión y pasar 5 días en la playa jugando como si fuera una niña chiquita. Recordando los mejores paseos de infancia y atesorándolos como se debe para ahora sumarles este paseo de adultez en el que no me voy a negar nada. Ningún momento de felicidad y ninguna hora de dicha familiar. Mi familia casi me pierde a mí y yo desde el más allá no iba a extrañar a nadie, pero este regreso a la vida me ha hecho apreciar cosas que antes no veía, entonces cada día es una oportunidad de vivir de verdad. Estoy tan optimista que me provoca pegarme, pero también estoy feliz y libre de dolor (físico y emocional).

Entonces… siete meses desde que se me reventó un aneurisma en el cerebro. 7 meses desde que me dio por coquetearle a la muerte y a la tullidez, pero también siete meses desde que me volví una mejor persona (aunque no se note mucho) y 7 meses desde que causé un dolor inhumano a las personas que más me aman en la vida y quisiera remediar eso. Hacer algo que los haga felices para que olviden el trago amargo de septiembre de 2013 pero no tengo superpoderes y ellos no van a olvidar esa experiencia jamás. Lo mejor que puedo hacer es tratar de seguir siendo yo, seguir diciendo estupideces que los hagan reír y tratar de ser mejor hija y hermana.

Mi cerebro falloso

20 Nov

Uno no es consciente de su cuerpo si no le duele o le pica o le arde. Mejor dicho, si no le molesta.

Si hay algo de lo que siempre he sido muy consciente y es de que tengo cabeza porque siempre me ha dolido. Desde hace unos años todavía más, pero desde el colegio el dolor estaba ahí. Primero se iba con analgésicos en pastillas como acetaminofén, ibuprofeno y ácido acetilsalicílico y luego, desde que me fui a vivir a Bogotá y tuve un jefe muy violento que gritaba por todo y golpeaba el computador, los dolores de cabeza me empezaron a mandar a urgencias y ya las pastillitas no servían. Ya era la chuzada con diclofenaco, tramadol o no sé qué y siempre siempre tenía la presión arterial alta.

En una de esas idas a urgencias me dieron una remisión a neurólogo y cuando llamé a Compensar (la EPS que tenía en ese entonces) me dijeron que esa remisión la tenía que autorizar un médico general de ellos que me revisara, que lo que tenía que hacer era pedir una cita y esperar a ver qué decía ese médico. Eso hice y la mujer que me atendió decidió que no era necesario ir a un neurólogo, pero me mandó una resonancia magnética sencilla (sin contraste ni especificaciones). Cuando le llevé los resultados me dijo que todo estaba bien en mi cabeza y que mejor me resignara a que iba a tener migrañas toda la vida. Que más bien detectara por mi cuenta si algo me las causaba y eliminara eso de mi vida.

Le hice caso a la doctora y me resigné a tener que llamar a Emermédica cada vez que el dolor fuera insoportable e incluso los médicos de Emermédica me dijeron en varias oportunidades que no era normal, que me hiciera revisar, pero yo ya estaba cansada de lidiar con las EPS y de estar contando que me la pasaba con dolor de cabeza. Incluso llegué a pensar que yo era muy débil y que a la mayoría de gente cuando le dolía la cabeza como a mí, simplemente se aguantaban o se les pasaba con un Dolex. Pasó el tiempo, los dolores siguieron, me casé, adopté otra gata y finalmente regresé a vivir a Cali buscando alejarme de la intranquilidad de Bogotá. Eso que dicen que a uno la provincia lo puede hacer sentir mejor y todo eso, pero no, los dolores siguieron aún cuando no había nada que me estresara y mi trabajo aquí fuera ideal. Vinieron pues en septiembre unas dos semanas horribles con muchos dolores de cabeza, dificultad para dormir y muchas visitas de Emermédica y a urgencias. En una de esas visitas me mandaron a la clínica Sebastián de Belalcazar porque el dolor no bajaba y la presión arterial tampoco. Estaban por aplicarme morfina cuando la presión bajó y el dolor llegó a niveles manejables. Me hicieron un TAC, pero nunca me vio un neurólogo. Le dije a mi mamá bromeando que yo no me podía morir porque ya se acercaba el cumpleaños de mi papá y sí, llegó el cumpleaños de mi papá, lo celebramos y yo seguía viva, pero dos días después estaba casi muerta. Yo no recuerdo nada, lo que sé es porque me lo cuentan, pero de repente me desperté en una Unidad de Cuidados Intensivos, pero no me desperté del todo. Yo me despertaba y me volvía a dormir casi de inmediato y lo que fui conociendo de mi condición es por lo que escuchaba entre dormida a enfermeros y médicos. Escuchaba que había tenido un sangrado subaracnoideo en el cerebro, escuchaba que había sido un aneurisma, escuchaba a un vecino de la UCI tomarse fotos en su Blackberry y coquetearles a las enfermeras, escuchaba visitantes ruidosos y escuchaba a mi familia cuando iba. Luego supe que había convulsionado, que mi esposo había llamado a Emermédica y a mi papá y que me habían llevado a un clínica domde descubrieron que había un aneurisma roto que había causado una hemorragia en mi cerebro y eso la convulsión. Supe que la hemorragia era Fischer IV y que eso quería decir que era muy grave. Supe que les dijeron a mis papás y a mi esposo que tenía un pie en la tumba y que si no me morí sangrando, me podía morir en la cirugía. Sellaron el aneurisma con un procedimiento menos invasivo que romperme el cráneo y todo salió bien por fortuna. Luego de eso llegaron los días en la UCI y luego los días hospitalizada y luego los eternos días de incapacidad que nada que terminan.

Como yo al principio no sabía la gravedad de lo que me había pasado, pensaba que salía de la clínica de una a trabajar o viajar, pues tenía un viaje de cumpleaños programado para noviembre. Lentamente me fui dando cuenta de que así no sería. Cuando abrí los ojos supe que no veía y luego cuando veía un poco supe que tenía estrabismo. Yo decía “me siento bizca” y sí, estaba muy bizca, pero a nadie le importaba porque estaban muy felices de que estuviera viva. Luego me dieron la primera incapacidad que iba hasta el 15 de octubre y yo seguía pensando que mi viaje a la playa sí se podría realizar. Yo ya me veía después del 15 de octubre saltando, corriendo y en vestido de baño, pero así tampoco fue. No solo veo mal, sin brillo y con poco contraste, sino que camino mal también. Tengo las extremidades del lado derecho dormidas y me hormiguean constantemente. Esta semana en la fisioterapia supe que ese hormigueo no se me iba a quitar, la fisioterapeuta dice que al menos no con fisioterapia, que le pregunte al neurólogo, pero a pesar de lo terrible que suena, no me puedo quejar (o al menos no me debo quejar) porque si se considera lo que me pasó, voy muy bien. Voy recuperándome mejor que la mayoría de gente que sufre las consecuencias de un aneurisma y más aún con las características del mío. Me han visto y me siguen viendo varios neurólogos y todos coinciden en que mi recuperación ha sido asombrosa. Coinciden en que estoy muy bien, pero ellos no son yo. Ellos no se despiertan cada mañana esperando ver mejor que el día anterior y soñando con colores brillantes para ver el mundo muy oscuro. Esto del aneurisma me va a enseñar la paciencia que nunca he tenido y aunque me trato de mantener optimista, hay días deprimentes. También me va a enseñar a ser agradecida con la suerte o la providencia o algo, porque pude quedar ciega o verdaderamente tullida, pero mi tragedia es mínima y mis secuelas serán imperceptibles, creo.

Han pasado dos meses y algunos días desde la primera convulsión que desencadenó que descubrieran al aneurisma. Dos meses de la hemorragia cerebral y dos meses de algo que fue una pesadilla para familia y amigos. Me duele el alma al pensar en todo lo que ellos sufrieron mientras yo estaba perdida en la somnolencia de mi cerebro hinchado y ahora cuando la gente me cuenta la angustia me siento terrible al no haber podido darles aliento mientras casi moría. Hoy me duelen las lágrimas que derramaron mis papás, mi hermana, mi esposo y mis amigos hace dos meses y les agradezco haber estado allí para mí de manera incondicional y es gracias a todos ellos que me es más fácil mantener el optimismo en los buenos días o recuperarlo en los momentos más desesperanzadores.

Ahora pienso en mi esposo porque lo estoy mirando con mis ojitos bizcos mientras escribo esto y pienso en todo lo que ha sufrido porque le tocó y aún le toca lidiar conmigo: llevarme a terapias, ayudarme a subir y bajar escaleras, no desampararme. Yo quiero ayudarle y ser mas autosuficiente, pero de veras que a veces no puedo y eso me da más ira. ¿Saben lo frustrante es intentar pararse y no poder? sentir que el cuerpo lo devuelve a uno. Yo siempre he sido torpe, pero sentir esa torpeza maximizada es muy frustrante y duele también.

Pero ahora pienso que han sido dos meses duros que en realidad nos han enseñado cosas, que nos han unido como matrimonio y en los que me di cuenta de que mi esposo es ideal en muchos sentidos, aunque hubiera preferido saberlo sin el derrame. Dos meses después de la hemorragia que pudo matarme y estoy acá contando el cuento que Nicolás ya contó, usando mi cerebro, mis manos y mis piernas. Dos meses en los que he pasado por muchas etapas de ánimo y sentimientos y ahora me preparo para regresar al trabajo, ver El Hobbit, terminar Lyonesse y seguir disfrutando de todo lo que me habría perdido si el aneurisma se hubiera salido con la suya.

Finalizo este post agradeciendo nuevamente a mi familia y amigos y a los amigos de los amigos y amigos de la familia. Gracias por sus oraciones, buena vibra, buenos deseos que siempre implicaron un cariño hacia mí o hacia mis papás. No saldré de esta experiencia creyente y renovada en mi fe, pero sí con mucho amor por las personas que me ofrecieron sus buenos deseos.

En algún lugar de mi cerebro falloso se alojaba el maldito Fuckencio esperando estallar cuando me arruinara un viaje a la playa. O para matarme. No sé.

En algún lugar de mi cerebro falloso se alojaba el maldito Fuckencio esperando estallar cuando me arruinara un viaje a la playa. O para matarme. No sé.

El derecho al odio

3 May

Hay elementos de la cultura popular tan enquistados en las personas, que parecen ser parte de ellos. Parte de sus personalidades. Canciones, artistas, películas, libros… obras que se vuelven religiones de la época. De culto. Cosas que todos debemos apreciar si no queremos vernos como ignorantes o peor aún, dios no lo quiera, como estúpidos. Y todos le temen a la ignorancia y a la estupidez y sobre todo a verse ignorantes o idiotas. Yo digo que hay que liberarse y liberar a los demás para permitirnos y permitirles la hermosa opción de odiar. En Ratatouille, Gusteau decía: todos pueden cocinar y yo hoy les digo: todos podemos odiar. Adelante, sin miedo.

Con uno de mis mejores amigos, hace unas semanas hablábamos de lo mucho que nos había aburrido el Batman de Nolan. De lo infinitamente decepcionante que había sido recorrer Bogotá buscando boletas para El Caballero de la Noche, para encontrarnos con una película en la que lo más emocionante dura 10 minutos. Luego ver años después la secuela, entretenernos moderadamente, pero luego pensar bien las cosas y apreciar únicamente a Bane por su hablado raro, sentirnos tristes por el desperdicio de Anne Hathaway e iracundos por la exagerada voz de Christian Bale. Luego, con ese amigo, hablamos de cómo Iron Man sí nos divertía y cómo PARA NOSOTROS, Iron Man era más entretenido. Mi amigo me dijo si publicaba un estado de Facebook en el que mencionara este hecho, los fanboys enajenados me iban a caer en bandada. Callenge accepted. Y sí, tenía razón. Lo que no entiendo es por qué cuando digo que para mí algo es de cierta manera, debe saltar gente a decir que no. Que así no es. ¿Cómo así? ¿así no es para mí? Es solo una opinión. Es como si dijera que opino mi mamá es la mejor del mundo y salieran los demás a decir que así no es.  ¿Están diciendo que no es verdad que yo piense que mi mamá es la mejor del mundo? ¿están diciendo que no puedo pensar que mi mamá es la mejor del mundo? No entiendo.

Y así sucede con todo. Me llama mucho la atención ese hecho. Me pregunto si pasa que las personas buscan aprobación de sus pares y sienten que por eso todos deben estar de acuerdo con sus gustos. Me pregunto si sus gustos los definen tanto como para sentir que cada cosa que les dicen en contra de sus aficiones deba ser tomada como una afrenta personal. Si todo es tan frágil en su mundo que cualquier manifestación de odio contra lo que les gusta debe parecer una falta de respeto. ¿Y respeto a qué? ¿Me están pidiendo a mí, una persona que considera que ni siquiera la religión debe estar protegida por ese domo de respeto, que respete una película, una serie, una canción?

Curioso también es que las personas que saltan como hooligans enardecidos cuando alguien se queja de su película favorita (puede ser Amélie, Trainspotting o Fight Club), son los que escuchan un reguetón o un vallenato y emiten juicios de odio en contra de esta música y sus oyentes. O se burlan de los que van a ver El Paseo II. O consideran de inferior coeficiente intelectual a las niñas buenonas que se derriten con canciones de Fonseca y leen a Coelho. Ahí sí están bien la burla y el odio. Ahí sí está bien el irrespeto. Esa selección tan acomodada es lo que me molesta. No el odio, el odio es bueno y todos deberían tener derecho a odiar mientras no haya agresión. Odiar es liberador y no veo por qué tenemos que sufrir cuando alguien odia lo que amamos. ¿Que Thom Yorke parece siendo estripado por una boa cuando canta? ¿Que Radiohead es más aburrido que una piyamada con Galat? ¿Que Agatha Christie era una vieja cliché con historias predecibles? ¿Que los libros de Yasunari Kawabata están llenos de metáforas aburridas y nunca pasa nada? ¿Que John Waters es un mariconazo explotador de las miserias humanas para hacer películas malísimas? ¿Que Britney Spears está loca, Robert Downey Jr. es enano y Leonardo Dicaprio es gordo y jamás ganará un Óscar? ¿Que Terry Pratchett ya tiene un pie en la tumba y un adulto no debería estar perdiendo su tiempo en el Mundodisco? ¿Que mis gatos son incapaces de sentir amor por mí porque los gatos son malvados y egoístas? Así como estas, hay cientos de objeciones más en contra de lo que me gusta, válidas para algunas personas, inválidas para mí. Lo que importa es que todos tienen derecho a odiar a Radiohead, a odiar el ronroneo de los gatos, a odiar El Rey León, a odiar lo que quieran.

¿Si podemos irrespetar a Mahoma, por qué no podemos irrespetar a Tyler Durden? Mockus dijo que la vida es sagrada, pero sagrada es una palabra que detesto. No hay nada sagrado y los gustos de las personas sobre todo no tienen por qué estar en esa categoría.

Y claro, claro que sí tienen derecho a odiar lo que digo. Pero piensen honestamente qué aura de santidad tiene, por ejemplo, Sylvia Plath, para que todo aquel que ose odiar su obra, sea tildado de maldito ignorante. Y pregúntense por qué aquel que, en cambio, diga que E.L. James es basura, sea aplaudido como erudito. ¡Y claro que es basura E.L. James! Pero así como podemos burlarnos de la pésima manera de escribir de esta calenturienta y cuarentona señora, alguien, en el mundo, puede sentirse infinitamente aburrido leyendo Sylvia Plath, satirizar sus poemas, si quiere. Odiar. Hacer uso de su derecho a odiar.

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Esta serie de libros es algo que todos podemos odiar y siempre estaremos de acuerdo.

El civismo como excusa para el camorrerismo*

14 Mar

*Camorrerismo no es una palabra de verdad, pero supongamos por hoy, por este texto, que lo es.

Dicen que Cali es una ciudad más cívica, más amable, más alegre que Bogotá. En algunas cosas tendrán razón y ahora viviendo acá puedo decir que me siento feliz, pero es más por la cercanía a mi familia y por mi manía de escapar de ciudades y de cosas que me da cada tanto. Como cuando me fui a vivir a Tumaco, luego volví de Tumaco y entonces me fui para Bogotá.

Dicen que la alegría del caleño es contagiosa y que son extrovertidos. Puedo dar fe de que lo son y no sé si eso me gusta o no. A veces siento que me molesta porque siento que la gente no guarda sus distancias personales como debería. Siento que me habla más gente de la que quisiera que me hablara y me veo obligada a ser amable, porque a pesar de ser huraña, no quiero ser mala gente y siempre respondo con sonrisas. Así volvemos a lo del civismo. Dicen que son más cívicos y que la gente en el MIO empuja menos que en Transmilenio, que la gente no da codazos y se no se cuela en la fila y pasa que cuando alguien se va a colar, en lugar de recibir la fría indiferencia bogotana, lo que recibe son silbidos y ruido. Bulla de todos los demás que se quejan y ridiculizan al colado. Muy bien, dirán algunos, pero estos días me he preguntado si ese civismo no es, tal vez, una excusa para armar camorra y para caerle encima a alguien. Porque es así, uno ve a la gente en la fila, luego ve que unos empiezan a gritarle al colado y en segundos son todos, en segundos todos arman alboroto y muchos ni siquiera saben qué pasó. Pudo pasar, por ejemplo, que el colado sólo estuviera buscando información o que no supiera qué estaba haciendo. Pudo ser que con tan solo unas palabras amables del más cercano, el colado encontrara la respuesta que buscaba y la bulla y el ridículo no fueran necesarios.

Ese civismo ruidoso podría ser entonces una farsa. Si fuera verdadero civismo, no tratarían las puertas de las estaciones del sistema de transporte masivo como lo hacen. Son las pretensiones de corrección de todos saliendo al aire a manera de gritos a los demás. Si fuera civismo real se preocuparían más por su propio comportamiento, que por las actitudes ajenas. Andarían buscando la manera de ser mejores personas en vez de andar como vecinas chismosas viendo qué hacen mal los demás para caerles encima como las arpías gritonas que son. Si fueran cívicos de verdad, no se montarían 3 personas en una motocicleta y no zigzaguearían arriesgando sus vidas y las de peatones. Si fueran cívicos de verdad no pulularía la actitud matona de montones de jóvenes que van en sus motos, bicicletas o a pie creyendo que la vía es suya e intimidando a los demás.

No sé si es mejor la actitud bogotana, no estoy aquí para darle soluciones a nadie sino para desahogarme. Quisiera vivir en un lugar con un punto intermedio entre el civismo falso caleño y la indiferencia rabiosa bogotana, pero por lo pronto lo que hago es no amargarme en la calle, hacer catarsis en un blog y buscar no estorbarle al prójimo mientras pueda y mientras me llega la terrible vejez.

Así es el MIO sólo que en lugar de gente, imagínenlo lleno de urracas metidas y fastidiosas.

Así es el MIO sólo que en lugar de gente, imagínenlo lleno de urracas metidas y fastidiosas.

Las tetas que no me puse

21 Feb

Yo nací sin teticas. Es decir, sin los genes para que cuando floreciera como adolescente, esas teticas emergieran de mi pecho. A mis 13, todas las compañeras del colegio ya usaban brasier y yo seguía usando camiseta. A mis 13 yo sufría porque quería tetas. ¿Para qué? no sé, para verme normal, verme bonita. Es una cosa natural y no sé por qué, las tetas son bonitas. Los cuerpos con tetas se ven armoniosos y mi cuerpo era un palillo sin nada. Sin gracia. 

Por fortuna, gracias a la ciencia, ya las tetas se pueden aumentar y todo se puede arreglar. También, por fortuna, dirán algunos, las tetas dejaron de importarme y me dediqué a menesteres más profundos…. ehmm… no. Y ese es mi punto. Mi cuerpo está tan mancillado como el de las niñas que decidieron ponerse tetas y mi cuerpo está tan lleno de cosas artificiales como el de ellas. El de ellas tiene silicona y el mío tiene tinta, pero en el fondo es lo mismo: ajustes que uno se hace por vanidad, porque es el cuerpo propio y uno decide qué meterle y qué sacarle.

Esta comparación con los tatuajes la hago porque es lo que tengo y es mi forma de decir que si a uno realmente no le importara cómo se ve y cómo lo ven, andaría entre cualquier costal, en la bata de gordo de Homero o sin ropa. O en vestido de baño. O en calzones.

¿Qué es lo que nos molesta de las tetas? ¿de las tetas de silicona? ¿la cosificación de la mujer? ¿lo de ver a las viejas como objetos de deseo? ¿no es ese uno de los objetivos de los individuos? ¿ser sexualmente atractivos? ¿qué tienen de malo los objetos de deseo? ¿y por los hombres cosificados quién se queja? ¿quién los defiende a ellos? ¿no es parte de la igualdad que se reclama que tanto mujeres como hombres puedan ser cosificados sin que esto sea censurable? ¿o es que cuando busco fotos de Robert Downey Jr. lo estoy admirando por su increíble inteligencia? ¿o morbosearle la barba a Hugh Laurie es más elevado que verle las tetas a Scarlett Johansson?

¿O nos molesta, acaso, la existencia de mujeres que saben que su cuerpo vende y lo explotan? ¿nos molesta que ellas decidan sobre su cuerpo y decidan que es mercancía? ¿o nos molesta que no tengan las mismas prioridades que nosotros? porque al final todo se reduce a las prioridades y a las elecciones personales. A lo que cada uno valora y quiere. Yo por ejemplo quiero un brazo extensible que alcance cosas y tal vez unas piernas de metal que no se cansen. Yo quiero mis partes androides, ellas quieren sus partes plásticas y al final todos, de alguna manera, nos modificamos.

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Con mis piernas de metal podría competir en los juegos olímpicos. Aunque no mataría a mi esposo.

 

Insomnio

12 Dec

Hoy mi cerebro no me quiere dejar dormir. Me habla y me dice muchas cosas en las que no quiero pensar ahora, pero él sí. Me habla del matrimonio, me habla del vestido de novia, me recuerda que no tengo cita en la peluquería y que no sé cómo será el ramo. Me recuerda que no sé qué me voy a poner en el pelo. Me hace parar de la cama para venir a escribir una entrada en un blog a ver si me da sueño.

O sí tengo sueño. No sé. Pienso en ver algo en televisión o en poner una película. Pienso en Nosferatu. Luego pienso en leer a Rushdie o a Agatha Christie. Me imagino la cara de Rushdie y luego me imagino a Nosferatu corriendo con su ataudcito en una plaza vacía. Y no, Rushdie no se parece a Nosferatu y Agatha Christie tampoco. Escucho a la gata comer y me pregunto si tengo hambre. Pienso en los hijos que no tengo en una casa en la que aún no vivo. Pienso en el futuro y en cosas que se definen el próximo año. En cosas en las que para qué pierde uno el tiempo. Pienso otra vez en la boda y en la luna de miel para la que todavía no tenemos nada. Playa. La playa me haría feliz. La playa siempre lo hace a uno feliz ¿por qué no vivo en el mar? el gato está en el cuarto y pide que le abran la puerta porque se despertó y no me encontró ¿qué será de mí cuando se muera el gato? ¿qué será del gato cuando me muera yo? ojalá yo me muera primero. Ojalá yo me muera primero que toda la gente y gatos que quiero.

Nosferatu otra vez. El reloj suena muy duro y ya entiendo por qué Liliana, cuando se queda en la sala, le quita las pilas para que se calle. Es terrible escuchar el tiempo pasar. Uno sabe que el tiempo pasa, pero no lo escucha. El reloj sonando es un fastidio. Hoy tampoco me peiné. Pienso en el tiempo que pasa y luego en mi pelo. Y luego en Héroes del Silencio porque mi cerebro es así de troll.

Nosferatu, Nosferatu, vamos a ver Nosferatu.

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