Brain damage

14 Feb

Cuando apareció un cadáver de payaso con el cráneo cercenado y vacío, los periódicos amarillistas estuvieron de pláceme. Era una gran portada y que permitía titulares del tipo “a tuerquita lo desatornillaron y no precisamente de la risa”. Luego apareció un segundo cadáver de payaso y los morbosos se regodearon ante la posibilidad de la aparición de un asesino en serie que acabaría con la monotonía. Al tercer cadáver los artistas callejeros organizaron una gran marcha pidiendo justicia y al cuarto, los circos decidieron cancelar sus visitas a esta ciudad tan sombría donde la muerte rondaba a la risa.

Y entonces dejaron de morir payasos y empezaron a morir, de la misma manera, con el cráneo cercenado y vacío, simples comediantes. Un día los comediantes no fueron suficientes y empezó a morir la gente feliz, pero pronto ya no hubo más gente feliz en esta ciudad. Todos tenían miedo, estaban a oscuras y deprimidos.

Había fallado. Descubrí que no valía la pena experimentar más. Alimentarme del cerebro de la gente feliz no me había hecho más feliz a mí y ahora todos en la ciudad tenían miedo como yo. Estaban vacíos como yo. Permanecían a oscuras como yo. Al menos ahora todos éramos iguales.

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