Como dijo Maddox: Dancing makes me envy cripples

28 Feb

Nunca he entendido a la gente que baila. De verdad que no. Nunca he entendido a la gente que disfruta del baile. Mi cuerpo se rehusa a sentir el ritmo y a querer moverse y se resiste sobre todo a salir los fines de semana a hacer parte de ese aburrido ritual pre-apareamiento.

Crecí en el Valle del Cauca, donde se supone que las personas nacen con las caderas en movimiento, donde se supone que uno se levanta con salsa y se va bailando al trabajo. La gente se imagina Cali y piensa en negritos de traje blanco y zapatos de charol bailando en las calles. En parte es verdad y sí bailan en las calles, pero no están de traje blanco ni zapatos de charol. Sí es verdad que en Cali suena salsa por todo lado y sí es verdad que parece que todo el mundo estuviera de juerga todo el tiempo. Todo el mundo menos yo.

En mi adolescencia (oh, desgraciada adolescencia) todas las que estudiaban conmigo morían por ir a fiestas y bailar con niños de otros colegios. Yo iba a esas fiestas a intentar hacer parte de la dinámica social, pero nunca lo logré. Nunca logré bailar y nunca logré congeniar con esa gente. Me dormía, me deprimía y terminaba llamando a mi papá para que me recogiera. Era terrible y yo siempre era la maldita desadaptada que no sabía bailar.

Mis tías intentaban inducirme al baile diciéndome que era una necesidad social. Yo no quería hacer parte de una sociedad que me obligara a bailar. Mis primas, muy felices, normales y sociables conseguían amigos y novios en fiestas y agasajos tropicalongos. Supongo que tendrá algo de razón eso de que el que baila bueno, tira bueno… y pues, si mis habilidades sexuales iban a ser nulas por culpa de mi falta de ritmo para la salsa y el merengue, no me importaba. Todavía no me importa.

Yo crecí y a pesar de tener a todo el mundo encima diciéndome que era importante bailar para ser socialmente aceptado, nunca lo logré. No crean que no lo intenté. En serio, para hacer felices a los demás, algunas veces intenté cogerle el ritmo a la música tropical, pero fracasé de manera estrepitosa.

Crecí, conseguí amigos, novios y trabajo sin necesidad de bailar. Creo que puedo aparearme y aunque camino torcida, no soy una total impedida. Soy amotriz y torpe. No me interesa la salsa. No me interesa el merengue. No me interesa el vallenato. No me interesa salir de juerga ni seducir a nadie con movimientos sensuales. Ahora pienso que no aprendería a bailar ni porque el mismísimo Robert Downey Jr. me lo pidiera. He llegado muy a mis 26 años sin saber bailar y sin saber montar bicicleta y no he sufrido por ello, más que por las molestias que me han causado los chinchosos que quieren hacerme bailar.

Si me encuentra en una fiesta, lo más probable es que yo esté sentada. Quieta. Mirando a la gente. Aburriéndome. Si me encuentra en una fiesta, lo más probable es que yo esté pensando en irme porque tengo miles de cosas más divertidas para hacer: tengo libros, juegos, películas y series de TV que me esperan en la casa. Si me encuentra en una fiesta es porque definitivamente no me pude zafar y me tocó estar ahí, así que invíteme a un margarita más bien para que esos momentos sean más soportables. Le acepto una cerveza si no hay margaritas.

Estos malditos monos bailan mejor que yo

6 Responses to “Como dijo Maddox: Dancing makes me envy cripples”

  1. Oliverio Baena February 28, 2011 at 14:01 #

    no sabes como te entiendooo!!!!, maldito vallenato! y como si fuera poco, sacaron el regueton!

  2. María Lola February 28, 2011 at 18:25 #

    Valdría la pena tocar el punto del baile como arte y no como función social.

    • Agnes February 28, 2011 at 18:46 #

      Seguramente. Aunque para eso hay gente que sí sabe del tema. Yo sólo lo viví desde la presión social y me limito a manifestar la agonía que era tener que ir a fiestas y socializar mientras sonaba salsa, merengue o cualquier cosa guapachosa.
      Gracias por tu comentario🙂

  3. El Marqués de Carabás February 28, 2011 at 19:08 #

    Compartimos el mismo punto de vista frente al baile. Lo único que le veo de bueno (muy bueno en muchos casos) es que uno tiene la excusa perfecta para acaraciar con abrazos esa cintura que en otro momento se mueve libre y sola.

    He hecho también esfuerzos en practicarlo, y valientes han sido las mujeres que se arriesgan a hacer el oso conmigo frente a la mirada expectante de todos los que están sentados en la mesa viendo bailar a los demás.

    Mi reto es meterme a clases de baile en el corto plazo, pero comenzaré por las de aerorumba: necesito coordinar mi motricidad fina.

    De ahí en adelante, quiero mostrar mis habilidades en la pista y que ojalá, según el punto de vista de la misma pareja, sean equiparables a lo que puedo hacer en la cama.

  4. Gus March 1, 2011 at 21:34 #

    Quieto vergoman!😛

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