Archive | August, 2011

Familia montañera

25 Aug

Si alguien dice que tiene finca, mucha gente se imaginará a un colombiano de bien, llegando en su Toyota a una lujosa hacienda ganadera. A todos nos gusta ser prejuiciosos y uno de los resultados de la seguridad democrática fue que los citadinos pensaran que todos los que tienen finca son unos pequeños Uribes.

No, yo no tengo finca. Mis papás tienen finca y no es su casa de veraneo ni su hacienda, es simplemente el lugar donde van a vivir en su vejez. Hay gente que tiene un apartamento en Cali, ellos tienen finca en la zona rural del Valle. Hoy hace 19 años la compraron con unos siete millones y lo que han hecho en esa tierra lo han hecho con sus manos y las manos de la gente de la zona. Ellos no son como yo y sí saben hacer amigos, así que todo el mundo por allá los quiere.

Desde hace 19 años están yendo y viniendo de esa finca. Estamos yendo y viniendo. Más ellos que yo. 19 años que han significado lo más divertido de mi infancia, lo más indiferente de mi adolescencia y lo más nostálgico de mi adultez. Allá íbamos con Ponja, la adorada perra de la casa que era parte de la familia, convivimos con Cachita, la gata que tuvo a Carloto el gato-perro y a Tom, el gato de mi primo Alex. En mi niñez con mi hermana y un amigo muy querido nos revolcábamos en los potreros, nos metíamos en una piscina inflable, nos trepábamos en los árboles de guayaba, cogíamos mangos para comer con sal y limón, perseguíamos gallinas y caminábamos por entre el monte. Mi papá nos hablaba de cómo cuidar los animalitos, sembraba plantas y cuidaba cada árbol como si fuera el último sobre la tierra. Mi mamá regaba su jardín, el jardín que siempre quiso, arreglaba la casa con dedicación y nos preparaba sancochos en fogón de leña.

Y sí, al final como que todos queremos es una vida sencilla. Mis papás llevan 19 años construyéndola. Viéndola concretarse en medio de cambios, turbulencias políticas, violencia y a veces periodos de tranquilidad. Un ventarrón se llevó el techo una vez, unos guerrilleros se metieron a la casa otra, un policía la cogió de escampadero, la casa se cayó del abandono y luego  la casa se levantó de las ruinas con las manos de mi papá y de mi mamá. Hicieron paredes, cambiaron ventanas, arreglaron las puertas, todo sin grandes lujos, pero con mucho trabajo y a su manera. Es el lugar más acogedor del mundo así las paredes todavía no tengan pintura y en los corredores haya cemento de todos los arreglos que están haciendo. Ese es el lugar que huele a casa y donde de verdad me siento cómoda cuando los visito. La casa en Cali no es la casa de mis papás, la casa de ellos es esa finca. Sus vecinos son del campo, porque ellos, aunque han vivido en la ciudad tanto tiempo, en realidad son del campo.

No Alarms and No Surprises

10 Aug

Algún día voy a empezar a hacer ejercicio. Algún día voy a empezar a ser ordenada. Algún día voy a empezar a ahorrar. Algún día voy a dejar de comer porquerías. Todos los días me digo “hoy será ese día”, pero nunca lo es. Lo único que he logrado es dejar de fumar y ya ni me acuerdo por qué fue.

Mi vida está llena de esas cosas que quiero hacer y hay varias categorías: lo que quiero hacer y es sacrificio, lo que quiero hacer y es liberador, lo que quiero hacer y soy muy pobre para hacerlo. En la categoría de liberador está el salir corriendo que cada tanto me da. Me suelo decir: algún día voy a salir corriendo y me voy a vivir a una isla. Mucha imbécil yo. Claro que no me voy a ir a una isla. Eso no es racional. Pero venga, liberador sí sería. ¿Uno por qué no nació en cuna de oro? Si hubiera nacido en cuna de oro ya la habría vendido para pagar la deuda e irme a vivir al Caribe o al Mediterráneo. Lo que me ata a esta ciudad son las deudas y el tener que ser productiva, lo que yo quiero en realidad es una vida sencilla. No necesito excentricidades, a excepción de un enano mayordomo o mono mayordomo. Es que yo soy muy básica y algunos dirían que hasta aburrida, aunque como le dije a una amiga recientemente: “aburrida no soy, soy muy divertida. Soy tan divertida que no necesito salir de juerga para estar contenta”. Lo que pasa es que me divierto sola y barato. Mientras tenga mi Kindle con muchos libros, internet y temporadas de buenas series de tv, puedo sobrevivir. Y comida. Esas cosas no son tan caras y en mis momentos de hoyo financiero lo he podido comprobar.

Algún día me iré de la gran ciudad a la que no necesito porque  soy muy huraña y me la quiero pasar en mi casa quieta sin que nadie me moleste. No quiero el ruido y no quiero a la gente. No quiero mezclarme y socializar cada viernes. Quiero irme a una isla. Algún día me iré a una isla con los gatos. Algún día cuando haya pagado Icetex, haya trabajado harto y haya ahorrado para no depender del fondo de pensiones. Algún día, después de que haya tenido hijos, los haya criado y haya hecho esas otras cosas de las listas de cosas por hacer. Algún día voy a vivir mi vida No Alarms And No Surprises. 

De los tatuajes que tengo, este es el que mi mamá más odia, pero es el que más quiero. Es sobre eso. sobre la vida que quiero.