Confesión

27 Jan

Lilia. Así se llamaba mi abuela. Libia María, decía la cédula, pero ella era Lilia para todos. Mi infancia la tuvo a ella cuidándome, hablándome, rezando conmigo. No sirvió que rezara el rosario porque al final me hice atea, pero sí sirvió para hacerme buena en lo que sea que soy buena. Buena persona, no buena de habilidades.

Lilia sabía cocinar y cantar. Lilia se ponía sus babuchas rosadas en sus pies que tenían juanetes. Lilia a veces decía cosas incoherentes y yo, adolescente, sentía rabia. Rabia estúpida, de adolescente, claro. Lilia ya tenía alzheimer, pero Lilia me quería y yo la quería a ella.

Un día se cayó de un mueble, se quebró una pierna y ya nunca más volvió a la casa porque su alzheimer se agravó  y se enfermó más. Ya a Lilia la tenían que cuidar en un hogar geriátrico y yo no me perdoné no haber cuidado a Lilia. No haber estado a su lado cuando se cayó. No haber podido impedir que se cayera. Yo a nadie le dije que no me lo había perdonado, pero así es. Todavía pienso que pude detener eso y detener todo lo que vino después. El infierno y el sufrimiento para mi mamá, la hija de Lilia, que también se llama Lilia.

Y mi abuela, Lilia, perdió la pierna. Ya no recuerdo cuál porque a veces ni sé cuál es mi derecha o mi izquierda, menos voy a saber de una extremidad ajena. Y Lilia perdió la memoria y yo la perdí a ella. Siento que no la he llorado lo suficiente para lo que en realidad la extraño, porque la extraño desde ese día, desde el día en que se cayó.

Luego Lilia se murió. Fue en mayo, creo. O marzo. Un mes que empieza por M en todo caso. En el mismo mes en que murió su esposo muchos años atrás y en el mismo mes en que murió Ponja, la perra de la casa, que no se llamaba Ponja, sino Sacha, pero es que con tantas Sachas, es mejor llamarse Ponja.

Y entonces yo lloro a Lilia y a Ponja en las noches. Muchas noches. Qué tonto, dirán, llorar a la abuela y a una perra, pero es que Lilia también quería a Ponja. Es así como desde que murieron, desde que me faltan las dos, uno de mis consuelos es imaginarlas juntas y que me cuidan. No, no lo hacen, lo sé, pero cuando no puedo dormir, desde hace muchos años, desde que murió la perra, me gusta imaginar que entran a mi cuarto juntas, Lilia se sienta en mi cama, Ponja se sienta al lado en el piso y las dos me velan el sueño. Así me duermo y me duermo tranquila. Lilia me soba las piernas y Ponja me mira, entonces me duermo y cuando he conciliado el sueño ellas se van pero sabiendo que van a volver cuando las necesite. Cuando yo no pueda dormir o cuando quiera verlas.

7 Responses to “Confesión”

  1. Tatiana January 27, 2012 at 07:48 #

    Se me salieron las lágrimas. Muy bonito.

  2. N.A.N.  (@nomeacuerdo) January 27, 2012 at 09:45 #

    Es una mierda estar pasando por esto. Afortunadamente no estoy solo.

  3. MeiMoria January 27, 2012 at 10:37 #

    Hermoso, definitivamente hermoso, quedo sin palabras con esos sentimientos tan bonitos que mantienes por tu abuelita y tu perra. Y qué lindo que mantienes la imagen y el recuerdo de ellas dos, seguramente, donde estén, existan o no, en un universo paralelo, te recordarán por lo que fuiste y eres ahora.

  4. Junkie January 27, 2012 at 11:44 #

    Leer esto me hace sentir melancólico por mi papá. También me hace pensar en Juana, la perra de la casa, me hace sentir miedo de que pueda llegar a extrañarla de tal manera.

    Me ha gustado leer esto.

  5. Tefa ☭ (@Tefa_) January 28, 2012 at 02:09 #

    A mi abuelita Lucinés, que la bautizaron Luz Inés pero ella se juntó el nombre porque odiaba a su tía Inés, le dio cáncer cuando yo recién entré a la universidad. Cáncer de páncreas. Terminal. La cuidé por tres meses, día y noche, hasta que un día le dio como una isquemia cerebral o no sé qué, y empezó a repetir una y otra vez “Ahora y en la hora de nuestra muerte, amén”. No pude, no aguanté más. Me dio tanto miedo de que se muriera, verla morir, que regresé a la casa de mis papás y me desentendí de todo.
    Yo sí me tomo en serio estas chimbadas. ¿Por qué es tonto llorar a la abuela? A mí fue que se me olvidó, de tanto que me dijeron eso.
    En fin, ojalá al menos yo tuviera ese consuelo.

    • Agnes January 28, 2012 at 12:58 #

      Creo que a uno le dicen que es tonto llorar a la abuela porque “ellas ya han vivido lo suficiente” y todas esas bobadas. Es que uno no la llora porque ella no haya hecho lo que tenía que hacer en este mundo. Uno la llora porque le hace falta. Así, por puros motivos de uno.

  6. Leonardo (@Rasputhink) February 3, 2012 at 16:48 #

    Me parece muy curioso que empieces el relato diciendo que quizás no te enseñó a ser buena persona, pero los siguientes párrafos comprueben lo contrario. Por otro lado pienso que por mas ateisto que tenga uno, uno no quiere pensar en que esas personas queridas se han ido del todo y por eso uno tiende a imaginarse cosas para engañarse a uno mismo y sentirse chévere. Muy bueno en todo caso, como siempre.

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