Archive | June, 2012

Mi cerebro se activa a horas insospechadas

28 Jun

A mí a veces me da por pelear y alegar. A veces eso pasa a las 2:55 de la mañana y entonces me despierto y encuentro en mi cabeza algún motivo absurdo para armar problema y con seguridad lo encuentro. Lo mejor de todo es que me convenzo a mí misma de lo justo de mi pelea para poder llorar e indignarme de verdad. Lo bueno de ser yo es que, aún estando equivocada, estoy absolutamente convencida de que tengo la razón y eso hace más fácil pelear. Lo malo de ser yo es que no me dura mucho. Como cuando fui socialista en mi adolescencia, que me hice creer que era justo, pero poco tiempo después supe que no. Entonces me siento estúpida y autoengañada, aunque antes de sentirme estúpida paso por un periodo de tiempo en el que dos partes de mí riñen en mi cabeza, cada una con argumentos perfectamente racionales: “oiga, usted sí es muy boba pelear por eso ¿en serio está peleando por eso?” “pero tengo razón. Lo lógico es empacar la comida de los gatos en una bolsa verde. Si la empacan en la bolsa blanca nadie va a saber que es comida para gatos. Es la convención del hogar. hay que hacerle caso y hay que implementar la regla” “¿en serio? PERRA, ¿EN SERIO?” y ahí sí me siento muy pendeja.

A mí me da pesar con el esposo lechuza tener que aguantar eso, pero se me quita el pesar cuando recuerdo que él me escogió, así que ya debía saber a qué se atenía y si no, que sufra las consecuencias de pedirme matrimonio.

Esta madrugada lo desperté y el pobre descorazonado me preguntó que por qué me activaba a una hora tan absurda. Yo hice lo que más sé hacer: ser dramática, decir sandeces, buscar respuestas racionales a mi propia estupidez y luego, tras sentirme estúpida, me puse a pensar en Dragon Ball. Porque eso es lo que hago: para alejarme de mi propia imbecilidad divago y me hago preguntas filosóficas sobre cultura popular. Eso desconcierta un poco al esposo lechuza, pero yo creo que cuando llevemos 20 años de casados ya se habrá acostumbrado. Eso o divorciado.

Para terminar les dejo la duda que me planteé anoche y que discutimos luego con el esposo lechuza hasta eso de las 4 de la mañana: ¿uno se toma la molestia de reunir las 7 esferas del dragón para pedirle a Shenlong SÓLO UN DESEO? Arriesga su vida para pedir UN DESEO. UNO. ¿Por qué? Si yo convocara a Shenlong y le pudiera pedir un deseo, le pediría pesar 50 kilos para siempre sin importar lo que coma. A menos que muera buscando las esferas, en ese caso no podría pedir nada porque estaría muerta y le tocaría a mis allegados reunir las esferas para revivirme.

Una madrugada que se pasa pensando en Shenlong no es una madrugada perdida. Al menos ya sé qué le voy a pedir cuando reúna las 7 esferas.

Llorando ríos de agua viva

26 Jun

Soy una persona llorona y caprichosa. A veces me veo como agresiva y fuerte, pero en realidad soy una niñita blanda que llora con los perritos abandonados, con los gaticos huérfanos y con los pobres caballitos viejos. Siento más empatía por los animales que la gente y no me pregunten por qué. Yo pienso que la respuesta debe ser algún mecanismo evolutivo que desconozco, aunque también puede ser que soy una porquería de ser humano. Cosa que ahora no debatiremos porque me da pereza y porque de pronto es verdad y salgo perdiendo. Lo que sí voy a debatir conmigo misma son las películas que me hacen llorar y voy a llegar a la explicación racional de por qué lloro con ellas.

Anoche me vi Hachiko, la versión gringa con el caremuñeco de Richard Gere y lloré como si estuviera viendo una película de Tim Burton, pero no de desesperación sino de genuina tristeza. Ver a ese Akita esperando a su dueño me hizo pensar en la difunta Ponja y su dueño muerto me hizo pensar en mi papá (que está vivo).  Mi papá y el miedo a perderlo es un trauma recurrente en mi vida. Recuerdo que en mi tierna infancia si mi papá se demoraba en llegar del trabajo, yo lloraba en el balcón pensando que le había pasado algo. Nunca le pasó nada, pero supe que era una niña muy desequilibrada y diría que tengo un grave complejo de Electra si pensara que Freud es válido. Lo mismo me pasó cuando vi El Rey León. Mi papá es Mufasa, pero calvo y humano y yo soy Simba, pero mujer y sin un jabalí y una suricata de amigos. Y tampoco soy un león. Y tampoco soy heredera a ningún trono, aunque mi papá tiene una finca y de pronto ese es el reino del que soy dueña hasta donde la luz toca.

Otra película que me hizo llorar mucho es La Tumba de las Luciérnagas. El desgraciado niño irresponsable que dejó morir a su hermana me sacó muchas lágrimas seguramente porque yo soy una irresponsable y si de mí hubiera dependido la vida de mi hermana la habría dejado morir en un cuchitril horroroso también. Siento una especia de culpa del universo paralelo o  realidad alternativa. Trataré de no dejar morir a mi hermana en esta realidad y me ayuda mucho que ella ya sea un adulto responsable  y se cuide por su cuenta.

También lloré con Bailarina en la Oscuridad y eso sí no me lo explico, principalmente porque no me acuerdo de la película. Sé que tiene un policía ladrón, una ciega que parece retrasada  y está loca y un niño que va por el camino de la ceguera de su madre y no sé si la locura. *SPOILER* Al final cuelgan a Björk y yo lloré con mucho pesar. vagamente recuerdo que ella es muy, muy estúpida en la película y su condena a muerte es por su propia estupidez. Recuerdo que pudiendo salvarse, decide morir porque ser héroe es lindo y más lindo aún, un hijo huérfano que ya no será ciego y podrá escoger las flores más bonitas para la tumba de su madre. Supongo que lloré con Bailarina en la Oscuridad porque me dio pesar del huerfanito o me dio ira la estupidez de Björk. Cuando la vuelva a ver les cuento.

Hubiera incluido este capítulo de Futurama, pero es básicamente lo mismo que con Hachiko, sólo que no asocio a Fry con mi papá. Mi papá no reparte pizzas.

Icetex: la última esperanza o el amigo… FROM HELL

25 Jun

Hay gente que no estudia en universidad pública no porque no pasó, sino porque les ofrecieron una beca y la rechazaron para seguir sus sueños: ser redactores de agencia de publicidad. Porque sí, así fue: desde muy niña soñaba con ser redactora en una agencia de publicidad y ahora no decido si es que era una niña triste y de pocas aspiraciones o una niña aguerrida que lucha por lo que quiere y lo logra. Si soy la niña aguerrida, debí esforzarme con más ahínco por casarme con Leonardo DiCaprio y si soy de pocas aspiraciones me pregunto por qué no quise ser barrendera o algo que implicara menos trabajo mental y me diera más tiempo de ocio.

La cosa es que rechacé una beca en la universidad Nacional de Colombia, la mejor universidad del país, madriguera de mamertos para unos, hogar de las mentes más brillantes para otros y digamos que también puede ser la madriguera de las mentes mamertas más brillantes. Yo no sé, yo no estudié allá y esa discusión me va a salir dando una embolia si la vuelvo a escuchar. Así que volviendo al punto, para la gente de pocas aspiraciones o aguerrida como yo hay un gran amigo que se llama crédito educativo Icetex. Mis santos padres no podían pagarme una carrera en universidad privada, así que me dijeron que la única opción era la deuda. Yo, como la ingenua polluela que era, acepté. Yo ya he dicho que mis padres son unos señores angelicales, que aún sin tener con qué, hicieron lo posible porque mi deuda no fuera un monstruo de 7 cabezas y las redujeron a, digamos, 4. Si no hubiera sido por ellos, jamás habría terminado de pagar ese crédito infernal.

Y es que la cosa mientras uno estudia no se nota porque tenía a mamá y papá pagando las cuotas mensuales cual mensualidad de colegio, luego empecé a trabajar y literalmente (el verdadero literalmente, no la hipérbole que utilizan ahora) la mitad de mi sueldo se me iba pagando Icetex, pero no era tan grave, porque como irme de donde mis padres no era un sueño en mi vida, yo seguía allá. Palabras más, palabras menos: pasó el tiempo, me fui de la casa de mis papás y de la cuidad, me subieron el sueldo, seguía pagando y era menos horrible. No quiero calcular cuánto pagué finalmente, ni cuánto pagaron mis padres para no sentirme mal. Luego resultó un saldo a favor por el que sigo en la pugna, porque lo peor de Icetex no es ni siquiera que uno pague intereses por un crédito, muy güevón el que espere que le presten un servicio así, gratis. Lo terrible de Icetex es la burocracia que he tenido que aguantar por la “platica” que me deben.

“Señores por favor me devuelven lo que es mío y ustedes pueden ver en el sistema”. Estoy cansada de rogar por un saldo a favor que tengo desde el 2009. Ya se va a acabar el mundo y no me devolvieron mi plata. Antes de terminar de pagar el crédito fui hasta las oficinas de esa infernal entidad donde revisaron que en efecto tengo ese saldo a favor. Me dijeron que bastaba con una carta y eso hice. Volví a ir a llevar la carta. Luego me respondieron con otra carta donde decía que lo sentían, que la plata no me la devolvían así no más. Que necesitaba firmas de mis codeudores autenticadas, llenar unos formatos y muchas cosas más para volver a llevar eso a las oficinas de Icetex. Creo que hasta me pidieron muestras de ADN, copia de mi registro civil y árbol genealógico desde tiempos de la conquista hasta la modernidad. No sé. No leí completo lo que pedían, porque además debía terminar de pagar el crédito (TOTALMENTE) para poder recibir el beneficio de recuperar mi dinero. Gracias, señores. Muy amable de su parte que por un error de ustedes yo tenga que esperar y además enviar pruebas de que yo soy realmente quien soy y de que ustedes me deben lo que saben que me deben. Me siento como parte de algo.

Ya terminé de pagar el crédito. Icetex me sigue debiendo y mi santo padre, desde Cali, se encuentra haciendo los trámites para que me devuelvan devaluados $250.000 que no recuperaré con los intereses. Si hacemos cuentas, en realidad perdí dinero, por lo que les digo: adelante, pidan créditos. No sufran por los intereses, pero por favor, búsquense un banco. Esas también son entidades del mal reguladas y protegidas por el Estado, pero son un poquito menos del mal que Icetex. O mejor, no persigan sus sueños y acepten la beca en la universidad Nacional. A menos que sus sueños sean ser astronautas,casarse con Leonardo DiCaprio o entrenar monos mayordomo, en ese caso sí persíganlos, sobre todo si es el de los monos mayordomo. Quiero un mono mayordomo y le pondría Mojo como el mono de Homero.

Mi mono mayordomo asustará a las personas que me caen mal. Sobre todo a los funcionarios de Icetex.

Salgamos del clóset

21 Jun

Yo estoy en paz conmigo. Ya hice la paz y entonces no me molesta hablar de mis problemas, incluso cuando hay gente que no los entiende. Yo hablo de mis depresiones y de mis crisis, porque es un asunto normal. No es un misterio, no estoy loca, no es tabú. Es como cuando uno habla de su tensión alta, de su tiroides, de los hemorroides, de la incontinencia… de cualquier problema de salud.

Yo hablo de esto porque hay gente que sí estigmatizan y gente que tiene miedo. También hay gente que no va al psiquiatra porque a su alrededor les andan diciendo que las depresiones son poca cosa, que se ocupen, que hagan esto o lo otro. Que no sean emo. Y pienso que eso es lo que hay que acabar. Lo primero que hay que hacer es saber que es un problema de salud y que si uno quiere salir de él, necesita un profesional y que si le recetan medicación, uno se la toma así como se toma cualquier medicación que le recetan. No es para tanto misterio y tampoco es para automedicarse.

Soy abierta porque pienso que hay un prejuicio con el que hay que acabar y hay gente a la que hay que ayudar, así yo no sea de esas almas filantrópicas. Lo que pasa es que siento empatía con los deprimidos clínicos y con los publicistas que lloran en la ducha, pero de ellos no vamos a hablar hoy (y tal vez nunca).

Esto es lo que quería decir. Es sólo un mensaje de solidaridad y un llamado a que salgan del clóset los deprimidos del mundo. No, no los “bipolares” de biografía de twitter, hablo de los de verdad. Esto es un problema de salud, pero es normal. Nosotros funcionamos, nosotros trabajamos. No tenemos que ser mares de amor, luz y felicidad, pero tampoco somos unos suicidas  góticos. Sabemos que las crisis vienen y van y que la depresión miente. A veces  la vida nos parece más fea de lo que es, pero por eso mismo apreciamos mucho los buenos momentos, o al menos yo sé que los aprecio, los disfruto y los agradezco. Excepto cuando lloro en la ducha. Ahí sí no aprecio nada.

Hoy escribo esto porque ayer, justo anoche, me hice un tatuaje en mi muñeca derecha. Es una silueta de un pájaro y dice Depression Lies. Lo hice como un recordatorio esperanzador y orgulloso de lo que la vida es y lo que la depresión NO es. La depresión NO es certeza, no es realidad. Es una cicatriz con tinta que ahora tapa otras cicatrices que no deberían estar ahí. Una forma bonita de recordarme lo bueno de la vida para los momentos de crisis.

Jenny Lawson, una gran escritora y bloggera, lo escribe más bonito que yo y ella fue la inspiración para el tatuaje: http://thebloggess.com/2012/05/it-comes-around-and-around/ es más: a ella es a quien hay que leer.

El tatuaje recordatorio funciona mejor que la cinta roja porque le puedo escribir realmente lo que quiero recordar y porque no se borra.