Salgamos del clóset

21 Jun

Yo estoy en paz conmigo. Ya hice la paz y entonces no me molesta hablar de mis problemas, incluso cuando hay gente que no los entiende. Yo hablo de mis depresiones y de mis crisis, porque es un asunto normal. No es un misterio, no estoy loca, no es tabú. Es como cuando uno habla de su tensión alta, de su tiroides, de los hemorroides, de la incontinencia… de cualquier problema de salud.

Yo hablo de esto porque hay gente que sí estigmatizan y gente que tiene miedo. También hay gente que no va al psiquiatra porque a su alrededor les andan diciendo que las depresiones son poca cosa, que se ocupen, que hagan esto o lo otro. Que no sean emo. Y pienso que eso es lo que hay que acabar. Lo primero que hay que hacer es saber que es un problema de salud y que si uno quiere salir de él, necesita un profesional y que si le recetan medicación, uno se la toma así como se toma cualquier medicación que le recetan. No es para tanto misterio y tampoco es para automedicarse.

Soy abierta porque pienso que hay un prejuicio con el que hay que acabar y hay gente a la que hay que ayudar, así yo no sea de esas almas filantrópicas. Lo que pasa es que siento empatía con los deprimidos clínicos y con los publicistas que lloran en la ducha, pero de ellos no vamos a hablar hoy (y tal vez nunca).

Esto es lo que quería decir. Es sólo un mensaje de solidaridad y un llamado a que salgan del clóset los deprimidos del mundo. No, no los “bipolares” de biografía de twitter, hablo de los de verdad. Esto es un problema de salud, pero es normal. Nosotros funcionamos, nosotros trabajamos. No tenemos que ser mares de amor, luz y felicidad, pero tampoco somos unos suicidas  góticos. Sabemos que las crisis vienen y van y que la depresión miente. A veces  la vida nos parece más fea de lo que es, pero por eso mismo apreciamos mucho los buenos momentos, o al menos yo sé que los aprecio, los disfruto y los agradezco. Excepto cuando lloro en la ducha. Ahí sí no aprecio nada.

Hoy escribo esto porque ayer, justo anoche, me hice un tatuaje en mi muñeca derecha. Es una silueta de un pájaro y dice Depression Lies. Lo hice como un recordatorio esperanzador y orgulloso de lo que la vida es y lo que la depresión NO es. La depresión NO es certeza, no es realidad. Es una cicatriz con tinta que ahora tapa otras cicatrices que no deberían estar ahí. Una forma bonita de recordarme lo bueno de la vida para los momentos de crisis.

Jenny Lawson, una gran escritora y bloggera, lo escribe más bonito que yo y ella fue la inspiración para el tatuaje: http://thebloggess.com/2012/05/it-comes-around-and-around/ es más: a ella es a quien hay que leer.

El tatuaje recordatorio funciona mejor que la cinta roja porque le puedo escribir realmente lo que quiero recordar y porque no se borra.

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