Under the sea

10 Aug

Serrat le canta al Mediterráneo. Dice que su vínculo con el mar es porque  él nació en el Mediterráneo y entonces yo me pregunto de dónde salió mi vínculo con el mar si nací en una horrorosa y caliente ciudad del Valle del Cauca. Allá no hay mar, no hay playa, no hay nada. Nada bueno, al menos. Hay bicicletas y gente. Calles feas, pollerías, buses y gente. Más gente. Con mi mejor amiga le llamábamos en nuestra infancia el huequito del infierno y aún me sigue pareciendo un huequito del infierno al que si me es posible no volver, no volveré.

Lo gracioso del asunto es que luego viví en un pueblo peor pero allá sí me amañé. Tumaco es, a todas luces, peor que Palmira y que cualquier roto del Valle, pero tenía cierta magia en mi vida. La magia es el mar y esto es algo que no comprendo muy bien yo misma, pero levantarse, salir a la puerta y oler el mar me llenaba de vitalidad y felicidad. Me dirán que lo que pasa es que no conozco la “verdadera” Tumaco que está plagada de pobreza, mafia, paramilitares y abandono del Estado (o peor que el abandono, explotación del Estado). Me dirán que es que no sé que muchas casas de allá no tienen acueducto y sus baños son letrinas en palafitos, que lo que pasa es que yo vivía en una base naval y trabajaba con biólogos y doctores en oceanografía, entonces no sé nada de la verdad. Cierto es. Yo volvería a Tumaco, pero a vivir en las condiciones en las que me encontraba en ese entonces, no a rebuscarme la vida como un lugareño más, aunque de cierta forma a los lugareños les funciona su sistema, no sé, pero no voy a hablar de eso ahora y tal vez nunca en este blog.

Lo que quiero decir con este post tan inútil es que el mar está en mí y no sé por qué. No sé qué configuración cerebral tengo que hace que el mar me haga feliz y que las ciudades sin mar me maten un poco por dentro, que Cali y Bogotá me hagan sufrir, mientras que Tumaco o San Andrés me hagan sonreír. Soy un animalito marino que quiere vivir en la costa, que necesita de ella para no marchitarse, que necesita respirar sal para que la presión no se le suba y los pulmones no se le revienten. Llevenme al mar. No necesito verlo todos los días ni meterme en él. Sólo necesito saber que está ahí con sus olas golpeando las rocas y la arena. Necesito el mar que es mejor que el prozac, porque el mar lo cura todo, como Futurama. Cura las penas del corazón y los dolores físicos. Cura las heridas del alma y en este momento tengo el alma muy herida, así que necesito mucho mar.

5 Responses to “Under the sea”

  1. canovaccio August 10, 2012 at 13:32 #

    Tal vez es memoria de tus ancestros…

    • Agnes August 10, 2012 at 14:06 #

      Pero mis antepasados son más bien campesinos. No del mar.

  2. Emma August 10, 2012 at 14:27 #

    “¿Sabes qué es lo más hermoso de aquí? Mira: nosotros caminamos, dejamos todas esas huellas sobre la arena, y ahí se quedan, precisas, ordenadas. Pero mañana, cuando te levantes, al mirar esta enorme playa no habrá ya nada, ni una huella, ni una señal cualquiera, nada. El mar borra por la noche. La marea esconde. Es como si no hubiera pasado nunca nadie. Es como si no hubiéramos existido nunca. Si hay un lugar en el mundo en el que puedes pensar que no eres nada, ese lugar está aquí. Ya no es tierra, todavía no es mar. No es vida falsa, no es vida verdadera. Es tiempo. Tiempo que pasa. Y basta.”
    Es un fragmento de Océano Mar de Alessandro Baricco. Le recomiendo que lo lea🙂

  3. Inquisidora August 10, 2012 at 16:55 #

    Y si. El mar es bakno. Estuve un tiempo trabajando en La Playa (atlántico… y pese a su nombre, la playa quedaba leeeeeeeeeeeejos) y no era un sitio tan chévere, pero poderse empinar y ver a lo lejos el mar… y el olor. El olor de una zona marina no se pude comparar con nada…

  4. José Gregorio (@JoseGregorio) August 10, 2012 at 18:26 #

    conocí a un genio

    conocí a un genio en el tren
    hoy
    como de 6 años de edad
    se sentó a mi lado
    y mientras el tren
    avanzaba a lo largo de la costa
    llegamos hasta el océano
    entonces él me miró
    y dijo,
    no es hermoso.

    fue la primera vez que me
    percaté
    de ello.
    —–C. Bukowski.

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