Bendita Navidad

2 Jan

Llegó diciembre y se fue diciembre. Mi mes favorito del año porque significa regalos, comida, familia, dinero… regalos, más comida, más familia y a veces más dinero. Y regalos. ¿Ya dije regalos?

Una cosa que año tras año me toca padecer es a los montones de creyentes que me increpan como atea para preguntarme “si no cree en dios ¿por qué celebra Navidad?”. Eso, es para mí, el equivalente de Homero Simpson preguntando “si era tan listo ¿por qué se murió?”. En primer lugar les recuerdo que la Navidad es una fiesta pagana. Que en el antiguo testamento en ningún lugar se menciona fecha del nacimiento de Jesús y que el origen de la festividad se debe a la celebración del solsticio de invierno. No hay Jesús por ningún lado. Por otro lado, fui educada en una familia católica y estudié en colegio católico. No odio a la religión ni a los religiosos. El arte religioso me parece hermoso y agradezco a la iglesia católica por haber permitido nacer dentro de su seno el método científico. Las iglesias me parecen bonitas y su arquitectura es algo muy especial, además de que me he topado con monjas y curas tolerantes y buenas personas a lo largo de mi vida. Mi ateísmo no se debe para nada a un odio hacia la religión católica (lo cual me parecería un motivo muy ridículo y adolescente para ser ateo) sino más bien a que encuentro difícil creer y considerar el catolicismo algo más que mitología.

No todos los ateos nos creemos mejores que los religiosos. Ni más inteligentes. He conocido gente inteligente tanto atea como creyente y lo mismo puedo decir de los imbéciles. Hay imbéciles en todos los bandos. También he conocido gente a la que la religión le hace bien y gente a la que le hace mal. Todo depende del individuo.

Así pues, les digo que yo celebro Navidad. Adoro los festivos religiosos (principalmente porque significan días libres, pero en otra medida porque me gustan las tradiciones como las de Semana Santa. Me parecen algo interesante de ver) y no me derrito si entro a una iglesia o si rezo una novena. Canto villancicos sin el fervor católico pero aprecio mucho diciembre y sus reuniones familiares. Amo ver a mi familia, reunirme con ella y desearles feliz Navidad el 24 a las 12 de la noche como una expresión para manifestar amor y buenos deseos hacia esas personas con las que me une la sangre.

No me pida que no celebre Navidad ni que trabaje los festivos, así como yo no le pido que no celebre Halloween si no cree en brujas. Tampoco creo en ellas y suelo disfrazarme el 31 de octubre. También pido dulces y no soy niña. Más bien seamos menos amargados todos y alegrémonos en fechas que sirven para la unión familiar y para crear nuevos propósitos de vida. Alegrémonos de las tradiciones que, al fin y al cabo, son una importante manifestación de ser humanos.

ah… y feliz año nuevo. Yo sé que no pasa nada realmente del 31 de diciembre al 1 de enero, pero es otra bonita costumbre.

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