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There and back again: de la vida real al asilo de dementes y otra vez a la libertad

20 Apr

Hace 15 días me internaron en un hospital psiquiátrico por una depresión severa. O grave. No me acuerdo. Algo así dice el diagnóstico. La crisis avisó y yo no la quise escuchar hace más de tres meses y llegó a un punto en el que la única solución que veía era terminar con mi vida. Recuerdo que fue el domingo 12 de abril. Recuerdo que pasé la noche en vela y me fumé 20 cigarrillos para matar la ansiedad y la desesperación. Recuerdo que tuve miedo de mí misma en ese momento y recuerdo que me di cuenta de que, si seguía en la casa sola, iba a terminar matándome. Tuve mucho miedo y mi papá me rescató en un momento de llanto. Pedí su ayuda. La ayuda que debí pedir hace rato y por encerrarme en mí misma y apartando de mi lado a las personas que me aman y podían hacer algo por mí. Aunque fuera simplemente llevarme a un psiquiatra, pero la depresión miente y aunque yo lo sé le hice caso y me dejé coger ventaja. Por eso terminé allá encerrada y es algo que no quiero que me vuelva a pasar en la vida.

Los días en el hospital psiquiátrico pasan lentos al principio. Uno después se acostumbra a levantarse temprano, bañarse con agua fría, pasar al comedor por comida horrible, pasar por las medicinas, esperar en el cuarto mientras llaman a terapia ocupacional. Escuchar y responder miles de preguntas de enfermeras, psicólogos, estudiantes de medicina/psiquiatría, trabajadoras sociales y a la psiquiatra de la sala. A veces llorarles a ellos. A veces llorar solo. A veces llorar con otras pacientes que se convierten en amigas de cautiverio. No se puede salir a los pasillos sin un visitante acompañante, no se puede escuchar música, no se pueden tener libros ni lapiceros. Yo podía escribir solo en compañía de algún estudiante o de la psicóloga y debía devolver el lapicero en cuanto terminara. Así escribí lo que llamo de cariño mi “diario de prisión”, aunque al final esa prisión resultó ser una buena cosa. El aislamiento ayudó a desenredar mi cabeza, a descubrir que en realidad no quería morirme o “apagarme” como le dije al primer doctor. En realidad lo que quiero es tranquilidad a la que lleguen momentos de felicidad. Pequeños, sí. Siempre serán pequeños, pero tan maravillosos que todo el dolor habrá valido la pena. Quiero viajar, quiero ocupar mis sábados, estudiar, leer todos los libros que pueda. Jugar con mis gatos. Aprender a quererme y soportarme. Lastimosamente en el psiquiátrico confirmé una decisión que venía barajando desde hace ya tiempo y que no era capaz de tomar por temor a derrumbar las expectativas de todos y herir a quien ha sido la persona más importante de mi vida en los últimos años. La persona que me salvó la vida. Al final entendí que si lo postergaba más iba a terminar hiriéndolo más a él y destruyéndome a mí.

Durante la crisis depresiva hice cosas estúpidas de las que me arrepiento y quisiera remediar, pero el único remedio que encuentro es dejar el tiempo pasar y sanar los daños que hice y que me hice a mí misma. De nada sirve pedir perdón. Ni yo misma me perdono algunas cosas, pero también entiendo que darme palo a mí misma es estúpido e innecesario y eso no me va a llevar a salir del pozo.

Estoy rota, pero me voy a remendar. Con este post solo quiero hacer catarsis y tal vez hacer que la gente entienda un poco que la depresión no es una cosa que a uno le pasa porque quiere estar triste o despertar lástima. La mayoría de depresiones son silenciosas y se llevan por dentro con estoicismo. La mayoría de veces sonreímos al mundo y lloramos por dentro mientras la depresión nos sigue mintiendo y jodiendo la cabeza. Esta vez no la quiero dejar adentro. Quiero sacar la basura de mi mente y empezar una nueva vida con una terapia adecuada, medicada, sí, pero esperando que llegue el momento en que el Escitalopram y la Trazodona no sean ya parte de mi vida.

Los dejo con la canción que sonó en mi mente todos los días mientras estuve encerrada:

Con amor,

Niñita.

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Dear Diary

9 Jul

Today I am writing this in English and the reason is very simple: I don’t want my parents to worry about me. I don’t want them to think there is something wrong. But there is.

 

Truth be told, I’ve been depressed for a while now. I’m already used to having ups and downs but this time down isn’t going up and it feels like I have to drag myself to do the usual daily tasks. I drag myself from bed, I drag myself to work, I drag myself home again and so on. I try to put a smile on my face and laugh because I believe that maybe I can fool myself into feeling good but it hasn’t been possible. I try hard to fool myself but I guess I’m not that stupid.

 

And yes, I know depression lies, I know there is a bright world outside my dark mind and I know nothing horrible is going on and yet I can’t find reasons to be joyful, happy or even relaxed. I’ve read that my new anti-seizure meds can cause depression, hallucinations and more side effects and currently I really hope it’s that and not that Prozac stopped working for me. I need to go to the doctor, I know, but I’ve been too much to the doctor lately (with my brain aneurysm and all that I had to live last year). I think I probably need a shrink, but I need the neurologist first and it sucks to think about so many doctor appointments I need to get just to fix a little switch in my brain.

 

My brain is all fucked up. I guess it has always been like that and I’ve managed to live with it. It’s not like I’m going to flirt with suicide. I don’t want to kill myself; I just want to stop living. So that’s exactly how I feel right now: without any will to live. Without hope and it also drives me mad because there is no reason to be hopeless. I have a beautiful marriage, awesome parents, three cute cats, a nice job, videogames and books and still life doesn’t seem worth living.

 

Maybe that is what gets me angry the most: my inability to shake this depression away with all the good things I have. I don’t want to seem ungrateful, but I am. I don’t even know whom should I be thankful to because I don’t believe in God, but at least I should be able to be grateful to the people that stand by my side everyday. I guess this too shall pass, like so many depression periods before this one and many ones that will come. Rationally I KNOW the world is not bad and I KNOW this is just the lack of serotonin talking, but emotionally FEELS a little bit different. It feels like a tunnel with no way out. A tunnel that you walk and just takes you deeper and deeper into some unknown darkness. Like a bottomless pit that you know can’t possibly be bottomless, but totally feels like it. You just want to reach the bottom and find a way out but instead you keep falling and falling. This sucks. Stupid bottomless pit. Stupid dark tunnel.

 

Writing this is a way to let my feelings out so that they don’t drown me. I’m not looking for help or trying to get attention. I just wanted to post this so that maybe by letting words come out I can feel the brightness come in again.

Mi cerebro falloso

20 Nov

Uno no es consciente de su cuerpo si no le duele o le pica o le arde. Mejor dicho, si no le molesta.

Si hay algo de lo que siempre he sido muy consciente y es de que tengo cabeza porque siempre me ha dolido. Desde hace unos años todavía más, pero desde el colegio el dolor estaba ahí. Primero se iba con analgésicos en pastillas como acetaminofén, ibuprofeno y ácido acetilsalicílico y luego, desde que me fui a vivir a Bogotá y tuve un jefe muy violento que gritaba por todo y golpeaba el computador, los dolores de cabeza me empezaron a mandar a urgencias y ya las pastillitas no servían. Ya era la chuzada con diclofenaco, tramadol o no sé qué y siempre siempre tenía la presión arterial alta.

En una de esas idas a urgencias me dieron una remisión a neurólogo y cuando llamé a Compensar (la EPS que tenía en ese entonces) me dijeron que esa remisión la tenía que autorizar un médico general de ellos que me revisara, que lo que tenía que hacer era pedir una cita y esperar a ver qué decía ese médico. Eso hice y la mujer que me atendió decidió que no era necesario ir a un neurólogo, pero me mandó una resonancia magnética sencilla (sin contraste ni especificaciones). Cuando le llevé los resultados me dijo que todo estaba bien en mi cabeza y que mejor me resignara a que iba a tener migrañas toda la vida. Que más bien detectara por mi cuenta si algo me las causaba y eliminara eso de mi vida.

Le hice caso a la doctora y me resigné a tener que llamar a Emermédica cada vez que el dolor fuera insoportable e incluso los médicos de Emermédica me dijeron en varias oportunidades que no era normal, que me hiciera revisar, pero yo ya estaba cansada de lidiar con las EPS y de estar contando que me la pasaba con dolor de cabeza. Incluso llegué a pensar que yo era muy débil y que a la mayoría de gente cuando le dolía la cabeza como a mí, simplemente se aguantaban o se les pasaba con un Dolex. Pasó el tiempo, los dolores siguieron, me casé, adopté otra gata y finalmente regresé a vivir a Cali buscando alejarme de la intranquilidad de Bogotá. Eso que dicen que a uno la provincia lo puede hacer sentir mejor y todo eso, pero no, los dolores siguieron aún cuando no había nada que me estresara y mi trabajo aquí fuera ideal. Vinieron pues en septiembre unas dos semanas horribles con muchos dolores de cabeza, dificultad para dormir y muchas visitas de Emermédica y a urgencias. En una de esas visitas me mandaron a la clínica Sebastián de Belalcazar porque el dolor no bajaba y la presión arterial tampoco. Estaban por aplicarme morfina cuando la presión bajó y el dolor llegó a niveles manejables. Me hicieron un TAC, pero nunca me vio un neurólogo. Le dije a mi mamá bromeando que yo no me podía morir porque ya se acercaba el cumpleaños de mi papá y sí, llegó el cumpleaños de mi papá, lo celebramos y yo seguía viva, pero dos días después estaba casi muerta. Yo no recuerdo nada, lo que sé es porque me lo cuentan, pero de repente me desperté en una Unidad de Cuidados Intensivos, pero no me desperté del todo. Yo me despertaba y me volvía a dormir casi de inmediato y lo que fui conociendo de mi condición es por lo que escuchaba entre dormida a enfermeros y médicos. Escuchaba que había tenido un sangrado subaracnoideo en el cerebro, escuchaba que había sido un aneurisma, escuchaba a un vecino de la UCI tomarse fotos en su Blackberry y coquetearles a las enfermeras, escuchaba visitantes ruidosos y escuchaba a mi familia cuando iba. Luego supe que había convulsionado, que mi esposo había llamado a Emermédica y a mi papá y que me habían llevado a un clínica domde descubrieron que había un aneurisma roto que había causado una hemorragia en mi cerebro y eso la convulsión. Supe que la hemorragia era Fischer IV y que eso quería decir que era muy grave. Supe que les dijeron a mis papás y a mi esposo que tenía un pie en la tumba y que si no me morí sangrando, me podía morir en la cirugía. Sellaron el aneurisma con un procedimiento menos invasivo que romperme el cráneo y todo salió bien por fortuna. Luego de eso llegaron los días en la UCI y luego los días hospitalizada y luego los eternos días de incapacidad que nada que terminan.

Como yo al principio no sabía la gravedad de lo que me había pasado, pensaba que salía de la clínica de una a trabajar o viajar, pues tenía un viaje de cumpleaños programado para noviembre. Lentamente me fui dando cuenta de que así no sería. Cuando abrí los ojos supe que no veía y luego cuando veía un poco supe que tenía estrabismo. Yo decía “me siento bizca” y sí, estaba muy bizca, pero a nadie le importaba porque estaban muy felices de que estuviera viva. Luego me dieron la primera incapacidad que iba hasta el 15 de octubre y yo seguía pensando que mi viaje a la playa sí se podría realizar. Yo ya me veía después del 15 de octubre saltando, corriendo y en vestido de baño, pero así tampoco fue. No solo veo mal, sin brillo y con poco contraste, sino que camino mal también. Tengo las extremidades del lado derecho dormidas y me hormiguean constantemente. Esta semana en la fisioterapia supe que ese hormigueo no se me iba a quitar, la fisioterapeuta dice que al menos no con fisioterapia, que le pregunte al neurólogo, pero a pesar de lo terrible que suena, no me puedo quejar (o al menos no me debo quejar) porque si se considera lo que me pasó, voy muy bien. Voy recuperándome mejor que la mayoría de gente que sufre las consecuencias de un aneurisma y más aún con las características del mío. Me han visto y me siguen viendo varios neurólogos y todos coinciden en que mi recuperación ha sido asombrosa. Coinciden en que estoy muy bien, pero ellos no son yo. Ellos no se despiertan cada mañana esperando ver mejor que el día anterior y soñando con colores brillantes para ver el mundo muy oscuro. Esto del aneurisma me va a enseñar la paciencia que nunca he tenido y aunque me trato de mantener optimista, hay días deprimentes. También me va a enseñar a ser agradecida con la suerte o la providencia o algo, porque pude quedar ciega o verdaderamente tullida, pero mi tragedia es mínima y mis secuelas serán imperceptibles, creo.

Han pasado dos meses y algunos días desde la primera convulsión que desencadenó que descubrieran al aneurisma. Dos meses de la hemorragia cerebral y dos meses de algo que fue una pesadilla para familia y amigos. Me duele el alma al pensar en todo lo que ellos sufrieron mientras yo estaba perdida en la somnolencia de mi cerebro hinchado y ahora cuando la gente me cuenta la angustia me siento terrible al no haber podido darles aliento mientras casi moría. Hoy me duelen las lágrimas que derramaron mis papás, mi hermana, mi esposo y mis amigos hace dos meses y les agradezco haber estado allí para mí de manera incondicional y es gracias a todos ellos que me es más fácil mantener el optimismo en los buenos días o recuperarlo en los momentos más desesperanzadores.

Ahora pienso en mi esposo porque lo estoy mirando con mis ojitos bizcos mientras escribo esto y pienso en todo lo que ha sufrido porque le tocó y aún le toca lidiar conmigo: llevarme a terapias, ayudarme a subir y bajar escaleras, no desampararme. Yo quiero ayudarle y ser mas autosuficiente, pero de veras que a veces no puedo y eso me da más ira. ¿Saben lo frustrante es intentar pararse y no poder? sentir que el cuerpo lo devuelve a uno. Yo siempre he sido torpe, pero sentir esa torpeza maximizada es muy frustrante y duele también.

Pero ahora pienso que han sido dos meses duros que en realidad nos han enseñado cosas, que nos han unido como matrimonio y en los que me di cuenta de que mi esposo es ideal en muchos sentidos, aunque hubiera preferido saberlo sin el derrame. Dos meses después de la hemorragia que pudo matarme y estoy acá contando el cuento que Nicolás ya contó, usando mi cerebro, mis manos y mis piernas. Dos meses en los que he pasado por muchas etapas de ánimo y sentimientos y ahora me preparo para regresar al trabajo, ver El Hobbit, terminar Lyonesse y seguir disfrutando de todo lo que me habría perdido si el aneurisma se hubiera salido con la suya.

Finalizo este post agradeciendo nuevamente a mi familia y amigos y a los amigos de los amigos y amigos de la familia. Gracias por sus oraciones, buena vibra, buenos deseos que siempre implicaron un cariño hacia mí o hacia mis papás. No saldré de esta experiencia creyente y renovada en mi fe, pero sí con mucho amor por las personas que me ofrecieron sus buenos deseos.

En algún lugar de mi cerebro falloso se alojaba el maldito Fuckencio esperando estallar cuando me arruinara un viaje a la playa. O para matarme. No sé.

En algún lugar de mi cerebro falloso se alojaba el maldito Fuckencio esperando estallar cuando me arruinara un viaje a la playa. O para matarme. No sé.

El civismo como excusa para el camorrerismo*

14 Mar

*Camorrerismo no es una palabra de verdad, pero supongamos por hoy, por este texto, que lo es.

Dicen que Cali es una ciudad más cívica, más amable, más alegre que Bogotá. En algunas cosas tendrán razón y ahora viviendo acá puedo decir que me siento feliz, pero es más por la cercanía a mi familia y por mi manía de escapar de ciudades y de cosas que me da cada tanto. Como cuando me fui a vivir a Tumaco, luego volví de Tumaco y entonces me fui para Bogotá.

Dicen que la alegría del caleño es contagiosa y que son extrovertidos. Puedo dar fe de que lo son y no sé si eso me gusta o no. A veces siento que me molesta porque siento que la gente no guarda sus distancias personales como debería. Siento que me habla más gente de la que quisiera que me hablara y me veo obligada a ser amable, porque a pesar de ser huraña, no quiero ser mala gente y siempre respondo con sonrisas. Así volvemos a lo del civismo. Dicen que son más cívicos y que la gente en el MIO empuja menos que en Transmilenio, que la gente no da codazos y se no se cuela en la fila y pasa que cuando alguien se va a colar, en lugar de recibir la fría indiferencia bogotana, lo que recibe son silbidos y ruido. Bulla de todos los demás que se quejan y ridiculizan al colado. Muy bien, dirán algunos, pero estos días me he preguntado si ese civismo no es, tal vez, una excusa para armar camorra y para caerle encima a alguien. Porque es así, uno ve a la gente en la fila, luego ve que unos empiezan a gritarle al colado y en segundos son todos, en segundos todos arman alboroto y muchos ni siquiera saben qué pasó. Pudo pasar, por ejemplo, que el colado sólo estuviera buscando información o que no supiera qué estaba haciendo. Pudo ser que con tan solo unas palabras amables del más cercano, el colado encontrara la respuesta que buscaba y la bulla y el ridículo no fueran necesarios.

Ese civismo ruidoso podría ser entonces una farsa. Si fuera verdadero civismo, no tratarían las puertas de las estaciones del sistema de transporte masivo como lo hacen. Son las pretensiones de corrección de todos saliendo al aire a manera de gritos a los demás. Si fuera civismo real se preocuparían más por su propio comportamiento, que por las actitudes ajenas. Andarían buscando la manera de ser mejores personas en vez de andar como vecinas chismosas viendo qué hacen mal los demás para caerles encima como las arpías gritonas que son. Si fueran cívicos de verdad, no se montarían 3 personas en una motocicleta y no zigzaguearían arriesgando sus vidas y las de peatones. Si fueran cívicos de verdad no pulularía la actitud matona de montones de jóvenes que van en sus motos, bicicletas o a pie creyendo que la vía es suya e intimidando a los demás.

No sé si es mejor la actitud bogotana, no estoy aquí para darle soluciones a nadie sino para desahogarme. Quisiera vivir en un lugar con un punto intermedio entre el civismo falso caleño y la indiferencia rabiosa bogotana, pero por lo pronto lo que hago es no amargarme en la calle, hacer catarsis en un blog y buscar no estorbarle al prójimo mientras pueda y mientras me llega la terrible vejez.

Así es el MIO sólo que en lugar de gente, imagínenlo lleno de urracas metidas y fastidiosas.

Así es el MIO sólo que en lugar de gente, imagínenlo lleno de urracas metidas y fastidiosas.

Insomnio

12 Dec

Hoy mi cerebro no me quiere dejar dormir. Me habla y me dice muchas cosas en las que no quiero pensar ahora, pero él sí. Me habla del matrimonio, me habla del vestido de novia, me recuerda que no tengo cita en la peluquería y que no sé cómo será el ramo. Me recuerda que no sé qué me voy a poner en el pelo. Me hace parar de la cama para venir a escribir una entrada en un blog a ver si me da sueño.

O sí tengo sueño. No sé. Pienso en ver algo en televisión o en poner una película. Pienso en Nosferatu. Luego pienso en leer a Rushdie o a Agatha Christie. Me imagino la cara de Rushdie y luego me imagino a Nosferatu corriendo con su ataudcito en una plaza vacía. Y no, Rushdie no se parece a Nosferatu y Agatha Christie tampoco. Escucho a la gata comer y me pregunto si tengo hambre. Pienso en los hijos que no tengo en una casa en la que aún no vivo. Pienso en el futuro y en cosas que se definen el próximo año. En cosas en las que para qué pierde uno el tiempo. Pienso otra vez en la boda y en la luna de miel para la que todavía no tenemos nada. Playa. La playa me haría feliz. La playa siempre lo hace a uno feliz ¿por qué no vivo en el mar? el gato está en el cuarto y pide que le abran la puerta porque se despertó y no me encontró ¿qué será de mí cuando se muera el gato? ¿qué será del gato cuando me muera yo? ojalá yo me muera primero. Ojalá yo me muera primero que toda la gente y gatos que quiero.

Nosferatu otra vez. El reloj suena muy duro y ya entiendo por qué Liliana, cuando se queda en la sala, le quita las pilas para que se calle. Es terrible escuchar el tiempo pasar. Uno sabe que el tiempo pasa, pero no lo escucha. El reloj sonando es un fastidio. Hoy tampoco me peiné. Pienso en el tiempo que pasa y luego en mi pelo. Y luego en Héroes del Silencio porque mi cerebro es así de troll.

Nosferatu, Nosferatu, vamos a ver Nosferatu.

Muy Bridezilla y poco wedding planner

15 Aug

Como ya lo he anunciado unas 1.578 veces por acá y en twitter, me voy a casar. Como buena Bridezilla, ya escogí mi vestido y zapatos. Y como mala wedding planner no tengo nada más.

Estoy a 4 meses de mi matrimonio y no tengo nada. Hicimos una lista hace unos meses y luego no la tocamos más. Cambiamos el presupuesto y nos decidimos por algo más modesto y más cercano y aún así seguimos sin hacer nada. Hay que actualizar la lista, mochar cabezas de invitados, re evaluar el presupuesto, ir a que me tomen las medidas del vestido, pero es que salir a eso y sola me da mucha pereza y jartera. Yo no quiero que nadie extraño se meta en mi matrimonio y quiero tener las cosas hechas por mí, pero mágicamente no quiero hacer nada. Quiero que con pensar las cosas ellas se materialicen.

¿Qué tengo y qué sé? sé, por ejemplo, que mis tías no van a ir porque son unas mujeres muy groseras a las que ni tarjeta de participación pienso enviar. Sé cuál es la canción de entrada. Sé que será una ceremonia civil. Sé que a los invitados les daremos pasabocas, coctel y postre y no más. Sé que el que se quiera emborrachar lo hará por su cuenta y con su dinero porque no pienso costear borracheras ajenas. También sé cuál será nuestro primer baile como marido y mujer. Tengo flashes de cosas en mi cabeza, pero no más. Y miedo. Tengo miedo.

El miedo es porque de repente me siento adulta y teniendo que planear cada vez más cosas de adulto y que, aunque llevaba ya años viviendo sola, estas cosas de formar una familia en serio son muy grandes y yo me siento tan chiquita. Ver que mis papás han resuelto todo por su cuenta durante años no ayuda, porque siento que jamás podré ser como ellos que tienen todo bajo control. Yo no tengo nada bajo control, ni mi cerebro, porque para eso está la fluoxetina.

Entonces me toca ver las cosas que he logrado y que he podido organizar. Me toca ver que los gatos no se me han muerto y son saludables, que hago mercado y cocino y tampoco me he muerto yo. Que ya vivo con Nicolás y todo ha sido maravilloso a su lado. Me toca ver esas cosas pequeñas que he podido mantener en medio de mi desorden y no contar las plantas que se me murieron o las deudas que me demoré en pagar porque ahí sí me desanimo. Me toca ver mi casa y mi vida y pensar que a pesar de que tengo más juguetes que los adultos de cuando yo era niña, es una vida organizada y real. Sostenible. Eso: sostenible. Las cosas se sostienen a pesar de mi inestabilidad y eso quiere decir que de pronto no soy tan inestable como me creo.

Lo que tengo que hacer es meterle mano a esto del matrimonio y organizarlo rápido y que las cosas salgan como tengan que salir. Más les vale a los invitados divertirse porque si no lo hacen me sentiré muy triste y serán los culpables de que el psiquiatra tenga que medicarme (más). Si lo invito, por favor diviértase y sea feliz para que yo no quede con traumas después del gran día.

Más o menos así creo que me veré en mi marcha nupcial.

Voy a leer a Paulo Coelho

13 Aug

Esto de estar a los 28 años descubriendo sentimientos es muy  jodido. Me siento quinceañera y por eso me cantaré la canción temática de esa novela o en su defecto Sexy Chambelán de Colibritany.

Yo digo muchas pendejadas y exagero cuando puedo, así que es frecuente que exteriorice amar u odiar cosas y gente que ni conozco, pero en realidad lo que siento es indiferencia. A veces un poco de asco o repulsión, a veces una atracción culposa… cosas así. De amor sí sé y he sabido porque a pesar de lo que mi misantropía parece indicar, yo tengo una familia muy normalita y bella. Muy funcional. Tuve mascotas, papás, hermana y felicidad en mi hogar y por eso ahora esto del matrimonio que estoy viviendo se me hace tan natural.

Y vea, llega uno a los 28 y siente odio por primera vez. Yo no sabía que era virgen con respecto a ese sentimiento, pero sí. Y les digo, no es bonito ni divertido. El odio no es como yo lo esperaba. Uno cree que se va a burlar y que se va a reír o que se va a sentir bien deseando el mal, pero no. Uno se siente como marchito y con rabia perpetua. No es chévere. Me quedo con el odio exagerado, el de mentiritas. El odio que olvido cuando llego a casa, porque el odio real no se olvida. Uno lo carga a donde vaya como un feto malformado pegado de la cabeza igual al de la enfermera Gollum y al menos la enfermera Gollum podía divertir a otros con su graciosa deformidad. El odio que yo cargo no divierte porque es un feto metafórico y nadie lo ve, en cambio yo soy una loca que sabe que está ahí y ahora anda con paranoia por andar cargando engendros indeseados.

Por eso, si usted sabe cómo me quito este feto de la cabeza y dejo de odiar, dígame. Yo no soy muy zen que digamos, pero hasta eso puedo intentar. Denme tácticas que es que ya me estoy empezando a sentir triste por mí y por mi propia imbecilidad al dejar que se incubara semejante alien en mí.