Julie

11 May

Julie stared at the mirror. Her reflection stared back at her and it was crying. Crying in front of the mirror felt stupid and dramatic for Julie. She could only make it worse if she laid in the shower floor and cried with water pouring down on her. She had done that too. She had done all the pathetic crying positions ever invented by Hollywood and probably invented some new ones. She should have made up names for them and create some kind of Kamasutra for Crying.

So there she was, in a hotel room. All by herself, looking at her sad reflection. She had done what she wanted and still she was sad. Abandoned her husband. Abandoned her kids. What a terrible mother she was and yet she couldn’t feel terrible about it. She had tried, but it didn’t happen. She was so selfish she could only feel bad about herself at that moment. She was numb and sad at the same time. Numb about the world but sad about herself. The only feelings she could manage to have were self-pity and her only actions were to wallow in her misery, drive and sometimes have a drink or two. She would take the car again tonight and keep moving. At least while driving she could think about other things that weren’t her and her fucked up life. She could think about not running over pedestrians, animals or crashing the car into walls and those were the good and happy thoughts. She wondered where she would go tonight and while she was thinking drank some gin and had a smoke. She had taken into smoking again. Her family had been worried about her health but she didn’t care much about herself or her lungs, which were a part of her. She briefly considered suicide. Again. She briefly dismissed it. Again. It had been like that all of these days. The idea coming in and going out just like that. She fell into a deep sleep and had dreams about beaches, sun and happy places.

She woke up and it was past 8:00 p.m. She thought she needed some food before driving so got a sandwich on her way to the parking lot, took a bite and then felt sick about it and threw it away. Took a cigarette out of her purse and smoked as she walked to the car. Smoked another one once in the car and kept smoking while driving. Julie left that town that night and she was never coming back just as she was never going back to the other towns she had visited in her running away scheme. She wondered about a way to escape further and then realised she had already escaped from her life. She realised she had the money, the time and the only things she needed to successfully be on her own from now on. No kids, no husband, no family. No friends. Just her. She was all that she needed now and all that she wanted. She was no longer responsible for anybody’s happiness but her own. She was no longer required to take care of herself for the sake of others. That thought was liberating. She felt content after so many days of driving and running away. She stopped at a small inn in the morning, rented a room and drank, smoked and slept. This time she didn’t cry. The time for crying and self-pity was over. She smiled after such a long time of not doing it. Her face muscles still remembered how to produce a smile and it felt odd for her. She had dreams about mountains, grey skies and happy places.

At night she was still smiling and feeling happy. Finally happy. She checked the map and saw the beach was close now. That was her destination. She had always loved the sea. One more night of driving would take her to the place she loved the most. Smoked her cigarettes and this time she drank while driving too. She played music in the car and sang aloud. The sun was coming up when she saw the coastline. She parked the car, took off her shoes and got a bottle of wine from her bag. She started walking towards the sea and laughed at the sound of the waves. There she was, happy with herself and her world. Happy with her life. The water reached her feet and she felt the sand moving beneath them. This was it. The perfect ending. The perfect place for her to say good-bye to life. And so she walked into the ocean: smiling, drinking wine and full of joy. This time she didn’t dream about anything.

There and back again: de la vida real al asilo de dementes y otra vez a la libertad

20 Apr

Hace 15 días me internaron en un hospital psiquiátrico por una depresión severa. O grave. No me acuerdo. Algo así dice el diagnóstico. La crisis avisó y yo no la quise escuchar hace más de tres meses y llegó a un punto en el que la única solución que veía era terminar con mi vida. Recuerdo que fue el domingo 12 de abril. Recuerdo que pasé la noche en vela y me fumé 20 cigarrillos para matar la ansiedad y la desesperación. Recuerdo que tuve miedo de mí misma en ese momento y recuerdo que me di cuenta de que, si seguía en la casa sola, iba a terminar matándome. Tuve mucho miedo y mi papá me rescató en un momento de llanto. Pedí su ayuda. La ayuda que debí pedir hace rato y por encerrarme en mí misma y apartando de mi lado a las personas que me aman y podían hacer algo por mí. Aunque fuera simplemente llevarme a un psiquiatra, pero la depresión miente y aunque yo lo sé le hice caso y me dejé coger ventaja. Por eso terminé allá encerrada y es algo que no quiero que me vuelva a pasar en la vida.

Los días en el hospital psiquiátrico pasan lentos al principio. Uno después se acostumbra a levantarse temprano, bañarse con agua fría, pasar al comedor por comida horrible, pasar por las medicinas, esperar en el cuarto mientras llaman a terapia ocupacional. Escuchar y responder miles de preguntas de enfermeras, psicólogos, estudiantes de medicina/psiquiatría, trabajadoras sociales y a la psiquiatra de la sala. A veces llorarles a ellos. A veces llorar solo. A veces llorar con otras pacientes que se convierten en amigas de cautiverio. No se puede salir a los pasillos sin un visitante acompañante, no se puede escuchar música, no se pueden tener libros ni lapiceros. Yo podía escribir solo en compañía de algún estudiante o de la psicóloga y debía devolver el lapicero en cuanto terminara. Así escribí lo que llamo de cariño mi “diario de prisión”, aunque al final esa prisión resultó ser una buena cosa. El aislamiento ayudó a desenredar mi cabeza, a descubrir que en realidad no quería morirme o “apagarme” como le dije al primer doctor. En realidad lo que quiero es tranquilidad a la que lleguen momentos de felicidad. Pequeños, sí. Siempre serán pequeños, pero tan maravillosos que todo el dolor habrá valido la pena. Quiero viajar, quiero ocupar mis sábados, estudiar, leer todos los libros que pueda. Jugar con mis gatos. Aprender a quererme y soportarme. Lastimosamente en el psiquiátrico confirmé una decisión que venía barajando desde hace ya tiempo y que no era capaz de tomar por temor a derrumbar las expectativas de todos y herir a quien ha sido la persona más importante de mi vida en los últimos años. La persona que me salvó la vida. Al final entendí que si lo postergaba más iba a terminar hiriéndolo más a él y destruyéndome a mí.

Durante la crisis depresiva hice cosas estúpidas de las que me arrepiento y quisiera remediar, pero el único remedio que encuentro es dejar el tiempo pasar y sanar los daños que hice y que me hice a mí misma. De nada sirve pedir perdón. Ni yo misma me perdono algunas cosas, pero también entiendo que darme palo a mí misma es estúpido e innecesario y eso no me va a llevar a salir del pozo.

Estoy rota, pero me voy a remendar. Con este post solo quiero hacer catarsis y tal vez hacer que la gente entienda un poco que la depresión no es una cosa que a uno le pasa porque quiere estar triste o despertar lástima. La mayoría de depresiones son silenciosas y se llevan por dentro con estoicismo. La mayoría de veces sonreímos al mundo y lloramos por dentro mientras la depresión nos sigue mintiendo y jodiendo la cabeza. Esta vez no la quiero dejar adentro. Quiero sacar la basura de mi mente y empezar una nueva vida con una terapia adecuada, medicada, sí, pero esperando que llegue el momento en que el Escitalopram y la Trazodona no sean ya parte de mi vida.

Los dejo con la canción que sonó en mi mente todos los días mientras estuve encerrada:

Con amor,

Niñita.

¿Qué hacer ahora sin el Mundodisco?

13 Mar

Ayer fue un día de terribles noticias para mí: Terry Pratchett, mi escritor favorito murió. Probablemente no debería sentir tristeza porque él ya había manifestado su deseo de morir antes de que el alzheimer lo consumiera por completo. Por lo menos su deseo se cumplió y tuvo una muerte temprana, en su cama, con su gato y rodeado de su familia.

Lo que pasa es que sí me siento triste. Egoístamente triste, debo añadir. Este hombre cambió mi vida con sus libros y me hizo querer escribir como él. Sus palabras tenían sabiduría, diversión, sarcasmo, crítica. Era impredecible y sus personajes se hacían querer. La muerte, que tantas veces pasó por el Mundodisco, ahora se llevó a Terry y me gusta imaginar eso como un encuentro feliz en el que la muerte y su creador se dan la mano y se van hacia donde sea que haya que ir.

Ya no habrá más historias escritas del Mundodisco, pero nos queda la alegría de saber que ese mundo fue creado por una mente brillante que nunca paró de escribir aún tras el diagnóstico de alzheimer. Una mente que, incluso tras su muerte, nos entregará la novela número 41 de Mundodisco y la quinta de Tiffany Aching, mi bruja favorita.

Ya no habrá más Granny Weatherwax, no más Nanny Ogg, no más Greebo. No más Ankh-Morpork, no más Gran A’Tuin, ni cuatro elefantes sobre la tortuga, pero si hay algo que nunca voy a olvidar es que “La Tortuga se Mueve” y esto lo saben hasta los dioses menores.

Adiós Sir Terry Pratchett. No firmaré la petición que circula para pedirle a la muerte que lo devuelva, porque usted no querría eso. Lo voy a extrañar por siempre, pero lo importante es que el Mundodisco que usted creó va a estar ahí para volver a recibirme en Lancre, La Creta o hasta Ankh-Morpork si me siento aventurera. 

The Turtle Moves

The Turtle Moves

Bendita Navidad

2 Jan

Llegó diciembre y se fue diciembre. Mi mes favorito del año porque significa regalos, comida, familia, dinero… regalos, más comida, más familia y a veces más dinero. Y regalos. ¿Ya dije regalos?

Una cosa que año tras año me toca padecer es a los montones de creyentes que me increpan como atea para preguntarme “si no cree en dios ¿por qué celebra Navidad?”. Eso, es para mí, el equivalente de Homero Simpson preguntando “si era tan listo ¿por qué se murió?”. En primer lugar les recuerdo que la Navidad es una fiesta pagana. Que en el antiguo testamento en ningún lugar se menciona fecha del nacimiento de Jesús y que el origen de la festividad se debe a la celebración del solsticio de invierno. No hay Jesús por ningún lado. Por otro lado, fui educada en una familia católica y estudié en colegio católico. No odio a la religión ni a los religiosos. El arte religioso me parece hermoso y agradezco a la iglesia católica por haber permitido nacer dentro de su seno el método científico. Las iglesias me parecen bonitas y su arquitectura es algo muy especial, además de que me he topado con monjas y curas tolerantes y buenas personas a lo largo de mi vida. Mi ateísmo no se debe para nada a un odio hacia la religión católica (lo cual me parecería un motivo muy ridículo y adolescente para ser ateo) sino más bien a que encuentro difícil creer y considerar el catolicismo algo más que mitología.

No todos los ateos nos creemos mejores que los religiosos. Ni más inteligentes. He conocido gente inteligente tanto atea como creyente y lo mismo puedo decir de los imbéciles. Hay imbéciles en todos los bandos. También he conocido gente a la que la religión le hace bien y gente a la que le hace mal. Todo depende del individuo.

Así pues, les digo que yo celebro Navidad. Adoro los festivos religiosos (principalmente porque significan días libres, pero en otra medida porque me gustan las tradiciones como las de Semana Santa. Me parecen algo interesante de ver) y no me derrito si entro a una iglesia o si rezo una novena. Canto villancicos sin el fervor católico pero aprecio mucho diciembre y sus reuniones familiares. Amo ver a mi familia, reunirme con ella y desearles feliz Navidad el 24 a las 12 de la noche como una expresión para manifestar amor y buenos deseos hacia esas personas con las que me une la sangre.

No me pida que no celebre Navidad ni que trabaje los festivos, así como yo no le pido que no celebre Halloween si no cree en brujas. Tampoco creo en ellas y suelo disfrazarme el 31 de octubre. También pido dulces y no soy niña. Más bien seamos menos amargados todos y alegrémonos en fechas que sirven para la unión familiar y para crear nuevos propósitos de vida. Alegrémonos de las tradiciones que, al fin y al cabo, son una importante manifestación de ser humanos.

ah… y feliz año nuevo. Yo sé que no pasa nada realmente del 31 de diciembre al 1 de enero, pero es otra bonita costumbre.

Dear Diary

9 Jul

Today I am writing this in English and the reason is very simple: I don’t want my parents to worry about me. I don’t want them to think there is something wrong. But there is.

 

Truth be told, I’ve been depressed for a while now. I’m already used to having ups and downs but this time down isn’t going up and it feels like I have to drag myself to do the usual daily tasks. I drag myself from bed, I drag myself to work, I drag myself home again and so on. I try to put a smile on my face and laugh because I believe that maybe I can fool myself into feeling good but it hasn’t been possible. I try hard to fool myself but I guess I’m not that stupid.

 

And yes, I know depression lies, I know there is a bright world outside my dark mind and I know nothing horrible is going on and yet I can’t find reasons to be joyful, happy or even relaxed. I’ve read that my new anti-seizure meds can cause depression, hallucinations and more side effects and currently I really hope it’s that and not that Prozac stopped working for me. I need to go to the doctor, I know, but I’ve been too much to the doctor lately (with my brain aneurysm and all that I had to live last year). I think I probably need a shrink, but I need the neurologist first and it sucks to think about so many doctor appointments I need to get just to fix a little switch in my brain.

 

My brain is all fucked up. I guess it has always been like that and I’ve managed to live with it. It’s not like I’m going to flirt with suicide. I don’t want to kill myself; I just want to stop living. So that’s exactly how I feel right now: without any will to live. Without hope and it also drives me mad because there is no reason to be hopeless. I have a beautiful marriage, awesome parents, three cute cats, a nice job, videogames and books and still life doesn’t seem worth living.

 

Maybe that is what gets me angry the most: my inability to shake this depression away with all the good things I have. I don’t want to seem ungrateful, but I am. I don’t even know whom should I be thankful to because I don’t believe in God, but at least I should be able to be grateful to the people that stand by my side everyday. I guess this too shall pass, like so many depression periods before this one and many ones that will come. Rationally I KNOW the world is not bad and I KNOW this is just the lack of serotonin talking, but emotionally FEELS a little bit different. It feels like a tunnel with no way out. A tunnel that you walk and just takes you deeper and deeper into some unknown darkness. Like a bottomless pit that you know can’t possibly be bottomless, but totally feels like it. You just want to reach the bottom and find a way out but instead you keep falling and falling. This sucks. Stupid bottomless pit. Stupid dark tunnel.

 

Writing this is a way to let my feelings out so that they don’t drown me. I’m not looking for help or trying to get attention. I just wanted to post this so that maybe by letting words come out I can feel the brightness come in again.

7 meses después de Fuckencio

15 Apr

Es 15 de abril. eso es casi 7 meses después de la hemorragia cerebral causada por el aneurisma que casi me mata y hoy, con menos secuelas que cuando escribí la última entrada, puedo decir que estoy bien. Muy bien. Me hormiguea el lado derecho del cuerpo y me tiembla. Me cambiaron los anticonvulsionantes porque se me estaba cayendo el pelo, estoy más miope y ya tengo gafas permanentes, pero estoy bien. Mejor que bien.

Por alguna razón estoy nostálgica y hoy pienso en mi papá, mi mamá y mi hermanita. En su dolor de esos días de clínica porque yo ahora hago bromas con lo que viví, con lo que le pasó a mi cuerpo, pero jamás voy a poder saber lo que ellos vivieron y el infierno que su vida fue al pensar que una de sus hijas (o para mi hermana, su única hermana) se moría frente a sus ojos. Mi mamá me preguntó que qué sentiría yo si Aníbal, uno de mis gatos, se enfermara de gravedad. Al imaginarlo sentí dolor y pude imaginar un poco de lo que ellos vivieron, pero solo un poco. Un poco, muy poco. Mi mamá también me dice que no tengo nada que agradecerles a ellos porque son mis padres, porque lo mínimo que debían hacer es cuidar mi vida y preocuparse por mí, pero yo siento que me quedo corta en agradecimientos cada vez que pienso en todo lo que hicieron. Me siento muy boba también, pero eso es normal.

En un mes me voy con ellos para la playa. Con ellos, con mi abuela, con mi hermana, con mi esposo y con el novio de mi hermana y es increíble la emoción que me inspira ese paseo. Ya quiero que llegue el día de tomar ese avión y pasar 5 días en la playa jugando como si fuera una niña chiquita. Recordando los mejores paseos de infancia y atesorándolos como se debe para ahora sumarles este paseo de adultez en el que no me voy a negar nada. Ningún momento de felicidad y ninguna hora de dicha familiar. Mi familia casi me pierde a mí y yo desde el más allá no iba a extrañar a nadie, pero este regreso a la vida me ha hecho apreciar cosas que antes no veía, entonces cada día es una oportunidad de vivir de verdad. Estoy tan optimista que me provoca pegarme, pero también estoy feliz y libre de dolor (físico y emocional).

Entonces… siete meses desde que se me reventó un aneurisma en el cerebro. 7 meses desde que me dio por coquetearle a la muerte y a la tullidez, pero también siete meses desde que me volví una mejor persona (aunque no se note mucho) y 7 meses desde que causé un dolor inhumano a las personas que más me aman en la vida y quisiera remediar eso. Hacer algo que los haga felices para que olviden el trago amargo de septiembre de 2013 pero no tengo superpoderes y ellos no van a olvidar esa experiencia jamás. Lo mejor que puedo hacer es tratar de seguir siendo yo, seguir diciendo estupideces que los hagan reír y tratar de ser mejor hija y hermana.

Mi cerebro falloso

20 Nov

Uno no es consciente de su cuerpo si no le duele o le pica o le arde. Mejor dicho, si no le molesta.

Si hay algo de lo que siempre he sido muy consciente y es de que tengo cabeza porque siempre me ha dolido. Desde hace unos años todavía más, pero desde el colegio el dolor estaba ahí. Primero se iba con analgésicos en pastillas como acetaminofén, ibuprofeno y ácido acetilsalicílico y luego, desde que me fui a vivir a Bogotá y tuve un jefe muy violento que gritaba por todo y golpeaba el computador, los dolores de cabeza me empezaron a mandar a urgencias y ya las pastillitas no servían. Ya era la chuzada con diclofenaco, tramadol o no sé qué y siempre siempre tenía la presión arterial alta.

En una de esas idas a urgencias me dieron una remisión a neurólogo y cuando llamé a Compensar (la EPS que tenía en ese entonces) me dijeron que esa remisión la tenía que autorizar un médico general de ellos que me revisara, que lo que tenía que hacer era pedir una cita y esperar a ver qué decía ese médico. Eso hice y la mujer que me atendió decidió que no era necesario ir a un neurólogo, pero me mandó una resonancia magnética sencilla (sin contraste ni especificaciones). Cuando le llevé los resultados me dijo que todo estaba bien en mi cabeza y que mejor me resignara a que iba a tener migrañas toda la vida. Que más bien detectara por mi cuenta si algo me las causaba y eliminara eso de mi vida.

Le hice caso a la doctora y me resigné a tener que llamar a Emermédica cada vez que el dolor fuera insoportable e incluso los médicos de Emermédica me dijeron en varias oportunidades que no era normal, que me hiciera revisar, pero yo ya estaba cansada de lidiar con las EPS y de estar contando que me la pasaba con dolor de cabeza. Incluso llegué a pensar que yo era muy débil y que a la mayoría de gente cuando le dolía la cabeza como a mí, simplemente se aguantaban o se les pasaba con un Dolex. Pasó el tiempo, los dolores siguieron, me casé, adopté otra gata y finalmente regresé a vivir a Cali buscando alejarme de la intranquilidad de Bogotá. Eso que dicen que a uno la provincia lo puede hacer sentir mejor y todo eso, pero no, los dolores siguieron aún cuando no había nada que me estresara y mi trabajo aquí fuera ideal. Vinieron pues en septiembre unas dos semanas horribles con muchos dolores de cabeza, dificultad para dormir y muchas visitas de Emermédica y a urgencias. En una de esas visitas me mandaron a la clínica Sebastián de Belalcazar porque el dolor no bajaba y la presión arterial tampoco. Estaban por aplicarme morfina cuando la presión bajó y el dolor llegó a niveles manejables. Me hicieron un TAC, pero nunca me vio un neurólogo. Le dije a mi mamá bromeando que yo no me podía morir porque ya se acercaba el cumpleaños de mi papá y sí, llegó el cumpleaños de mi papá, lo celebramos y yo seguía viva, pero dos días después estaba casi muerta. Yo no recuerdo nada, lo que sé es porque me lo cuentan, pero de repente me desperté en una Unidad de Cuidados Intensivos, pero no me desperté del todo. Yo me despertaba y me volvía a dormir casi de inmediato y lo que fui conociendo de mi condición es por lo que escuchaba entre dormida a enfermeros y médicos. Escuchaba que había tenido un sangrado subaracnoideo en el cerebro, escuchaba que había sido un aneurisma, escuchaba a un vecino de la UCI tomarse fotos en su Blackberry y coquetearles a las enfermeras, escuchaba visitantes ruidosos y escuchaba a mi familia cuando iba. Luego supe que había convulsionado, que mi esposo había llamado a Emermédica y a mi papá y que me habían llevado a un clínica domde descubrieron que había un aneurisma roto que había causado una hemorragia en mi cerebro y eso la convulsión. Supe que la hemorragia era Fischer IV y que eso quería decir que era muy grave. Supe que les dijeron a mis papás y a mi esposo que tenía un pie en la tumba y que si no me morí sangrando, me podía morir en la cirugía. Sellaron el aneurisma con un procedimiento menos invasivo que romperme el cráneo y todo salió bien por fortuna. Luego de eso llegaron los días en la UCI y luego los días hospitalizada y luego los eternos días de incapacidad que nada que terminan.

Como yo al principio no sabía la gravedad de lo que me había pasado, pensaba que salía de la clínica de una a trabajar o viajar, pues tenía un viaje de cumpleaños programado para noviembre. Lentamente me fui dando cuenta de que así no sería. Cuando abrí los ojos supe que no veía y luego cuando veía un poco supe que tenía estrabismo. Yo decía “me siento bizca” y sí, estaba muy bizca, pero a nadie le importaba porque estaban muy felices de que estuviera viva. Luego me dieron la primera incapacidad que iba hasta el 15 de octubre y yo seguía pensando que mi viaje a la playa sí se podría realizar. Yo ya me veía después del 15 de octubre saltando, corriendo y en vestido de baño, pero así tampoco fue. No solo veo mal, sin brillo y con poco contraste, sino que camino mal también. Tengo las extremidades del lado derecho dormidas y me hormiguean constantemente. Esta semana en la fisioterapia supe que ese hormigueo no se me iba a quitar, la fisioterapeuta dice que al menos no con fisioterapia, que le pregunte al neurólogo, pero a pesar de lo terrible que suena, no me puedo quejar (o al menos no me debo quejar) porque si se considera lo que me pasó, voy muy bien. Voy recuperándome mejor que la mayoría de gente que sufre las consecuencias de un aneurisma y más aún con las características del mío. Me han visto y me siguen viendo varios neurólogos y todos coinciden en que mi recuperación ha sido asombrosa. Coinciden en que estoy muy bien, pero ellos no son yo. Ellos no se despiertan cada mañana esperando ver mejor que el día anterior y soñando con colores brillantes para ver el mundo muy oscuro. Esto del aneurisma me va a enseñar la paciencia que nunca he tenido y aunque me trato de mantener optimista, hay días deprimentes. También me va a enseñar a ser agradecida con la suerte o la providencia o algo, porque pude quedar ciega o verdaderamente tullida, pero mi tragedia es mínima y mis secuelas serán imperceptibles, creo.

Han pasado dos meses y algunos días desde la primera convulsión que desencadenó que descubrieran al aneurisma. Dos meses de la hemorragia cerebral y dos meses de algo que fue una pesadilla para familia y amigos. Me duele el alma al pensar en todo lo que ellos sufrieron mientras yo estaba perdida en la somnolencia de mi cerebro hinchado y ahora cuando la gente me cuenta la angustia me siento terrible al no haber podido darles aliento mientras casi moría. Hoy me duelen las lágrimas que derramaron mis papás, mi hermana, mi esposo y mis amigos hace dos meses y les agradezco haber estado allí para mí de manera incondicional y es gracias a todos ellos que me es más fácil mantener el optimismo en los buenos días o recuperarlo en los momentos más desesperanzadores.

Ahora pienso en mi esposo porque lo estoy mirando con mis ojitos bizcos mientras escribo esto y pienso en todo lo que ha sufrido porque le tocó y aún le toca lidiar conmigo: llevarme a terapias, ayudarme a subir y bajar escaleras, no desampararme. Yo quiero ayudarle y ser mas autosuficiente, pero de veras que a veces no puedo y eso me da más ira. ¿Saben lo frustrante es intentar pararse y no poder? sentir que el cuerpo lo devuelve a uno. Yo siempre he sido torpe, pero sentir esa torpeza maximizada es muy frustrante y duele también.

Pero ahora pienso que han sido dos meses duros que en realidad nos han enseñado cosas, que nos han unido como matrimonio y en los que me di cuenta de que mi esposo es ideal en muchos sentidos, aunque hubiera preferido saberlo sin el derrame. Dos meses después de la hemorragia que pudo matarme y estoy acá contando el cuento que Nicolás ya contó, usando mi cerebro, mis manos y mis piernas. Dos meses en los que he pasado por muchas etapas de ánimo y sentimientos y ahora me preparo para regresar al trabajo, ver El Hobbit, terminar Lyonesse y seguir disfrutando de todo lo que me habría perdido si el aneurisma se hubiera salido con la suya.

Finalizo este post agradeciendo nuevamente a mi familia y amigos y a los amigos de los amigos y amigos de la familia. Gracias por sus oraciones, buena vibra, buenos deseos que siempre implicaron un cariño hacia mí o hacia mis papás. No saldré de esta experiencia creyente y renovada en mi fe, pero sí con mucho amor por las personas que me ofrecieron sus buenos deseos.

En algún lugar de mi cerebro falloso se alojaba el maldito Fuckencio esperando estallar cuando me arruinara un viaje a la playa. O para matarme. No sé.

En algún lugar de mi cerebro falloso se alojaba el maldito Fuckencio esperando estallar cuando me arruinara un viaje a la playa. O para matarme. No sé.

Follow

Get every new post delivered to your Inbox.

Join 40 other followers