There and back again: de la vida real al asilo de dementes y otra vez a la libertad

20 Apr

Hace 15 días me internaron en un hospital psiquiátrico por una depresión severa. O grave. No me acuerdo. Algo así dice el diagnóstico. La crisis avisó y yo no la quise escuchar hace más de tres meses y llegó a un punto en el que la única solución que veía era terminar con mi vida. Recuerdo que fue el domingo 12 de abril. Recuerdo que pasé la noche en vela y me fumé 20 cigarrillos para matar la ansiedad y la desesperación. Recuerdo que tuve miedo de mí misma en ese momento y recuerdo que me di cuenta de que, si seguía en la casa sola, iba a terminar matándome. Tuve mucho miedo y mi papá me rescató en un momento de llanto. Pedí su ayuda. La ayuda que debí pedir hace rato y por encerrarme en mí misma y apartando de mi lado a las personas que me aman y podían hacer algo por mí. Aunque fuera simplemente llevarme a un psiquiatra, pero la depresión miente y aunque yo lo sé le hice caso y me dejé coger ventaja. Por eso terminé allá encerrada y es algo que no quiero que me vuelva a pasar en la vida.

Los días en el hospital psiquiátrico pasan lentos al principio. Uno después se acostumbra a levantarse temprano, bañarse con agua fría, pasar al comedor por comida horrible, pasar por las medicinas, esperar en el cuarto mientras llaman a terapia ocupacional. Escuchar y responder miles de preguntas de enfermeras, psicólogos, estudiantes de medicina/psiquiatría, trabajadoras sociales y a la psiquiatra de la sala. A veces llorarles a ellos. A veces llorar solo. A veces llorar con otras pacientes que se convierten en amigas de cautiverio. No se puede salir a los pasillos sin un visitante acompañante, no se puede escuchar música, no se pueden tener libros ni lapiceros. Yo podía escribir solo en compañía de algún estudiante o de la psicóloga y debía devolver el lapicero en cuanto terminara. Así escribí lo que llamo de cariño mi “diario de prisión”, aunque al final esa prisión resultó ser una buena cosa. El aislamiento ayudó a desenredar mi cabeza, a descubrir que en realidad no quería morirme o “apagarme” como le dije al primer doctor. En realidad lo que quiero es tranquilidad a la que lleguen momentos de felicidad. Pequeños, sí. Siempre serán pequeños, pero tan maravillosos que todo el dolor habrá valido la pena. Quiero viajar, quiero ocupar mis sábados, estudiar, leer todos los libros que pueda. Jugar con mis gatos. Aprender a quererme y soportarme. Lastimosamente en el psiquiátrico confirmé una decisión que venía barajando desde hace ya tiempo y que no era capaz de tomar por temor a derrumbar las expectativas de todos y herir a quien ha sido la persona más importante de mi vida en los últimos años. La persona que me salvó la vida. Al final entendí que si lo postergaba más iba a terminar hiriéndolo más a él y destruyéndome a mí.

Durante la crisis depresiva hice cosas estúpidas de las que me arrepiento y quisiera remediar, pero el único remedio que encuentro es dejar el tiempo pasar y sanar los daños que hice y que me hice a mí misma. De nada sirve pedir perdón. Ni yo misma me perdono algunas cosas, pero también entiendo que darme palo a mí misma es estúpido e innecesario y eso no me va a llevar a salir del pozo.

Estoy rota, pero me voy a remendar. Con este post solo quiero hacer catarsis y tal vez hacer que la gente entienda un poco que la depresión no es una cosa que a uno le pasa porque quiere estar triste o despertar lástima. La mayoría de depresiones son silenciosas y se llevan por dentro con estoicismo. La mayoría de veces sonreímos al mundo y lloramos por dentro mientras la depresión nos sigue mintiendo y jodiendo la cabeza. Esta vez no la quiero dejar adentro. Quiero sacar la basura de mi mente y empezar una nueva vida con una terapia adecuada, medicada, sí, pero esperando que llegue el momento en que el Escitalopram y la Trazodona no sean ya parte de mi vida.

Los dejo con la canción que sonó en mi mente todos los días mientras estuve encerrada:

Con amor,

Niñita.

¿Qué hacer ahora sin el Mundodisco?

13 Mar

Ayer fue un día de terribles noticias para mí: Terry Pratchett, mi escritor favorito murió. Probablemente no debería sentir tristeza porque él ya había manifestado su deseo de morir antes de que el alzheimer lo consumiera por completo. Por lo menos su deseo se cumplió y tuvo una muerte temprana, en su cama, con su gato y rodeado de su familia.

Lo que pasa es que sí me siento triste. Egoístamente triste, debo añadir. Este hombre cambió mi vida con sus libros y me hizo querer escribir como él. Sus palabras tenían sabiduría, diversión, sarcasmo, crítica. Era impredecible y sus personajes se hacían querer. La muerte, que tantas veces pasó por el Mundodisco, ahora se llevó a Terry y me gusta imaginar eso como un encuentro feliz en el que la muerte y su creador se dan la mano y se van hacia donde sea que haya que ir.

Ya no habrá más historias escritas del Mundodisco, pero nos queda la alegría de saber que ese mundo fue creado por una mente brillante que nunca paró de escribir aún tras el diagnóstico de alzheimer. Una mente que, incluso tras su muerte, nos entregará la novela número 41 de Mundodisco y la quinta de Tiffany Aching, mi bruja favorita.

Ya no habrá más Granny Weatherwax, no más Nanny Ogg, no más Greebo. No más Ankh-Morpork, no más Gran A’Tuin, ni cuatro elefantes sobre la tortuga, pero si hay algo que nunca voy a olvidar es que “La Tortuga se Mueve” y esto lo saben hasta los dioses menores.

Adiós Sir Terry Pratchett. No firmaré la petición que circula para pedirle a la muerte que lo devuelva, porque usted no querría eso. Lo voy a extrañar por siempre, pero lo importante es que el Mundodisco que usted creó va a estar ahí para volver a recibirme en Lancre, La Creta o hasta Ankh-Morpork si me siento aventurera. 

The Turtle Moves

The Turtle Moves

Bendita Navidad

2 Jan

Llegó diciembre y se fue diciembre. Mi mes favorito del año porque significa regalos, comida, familia, dinero… regalos, más comida, más familia y a veces más dinero. Y regalos. ¿Ya dije regalos?

Una cosa que año tras año me toca padecer es a los montones de creyentes que me increpan como atea para preguntarme “si no cree en dios ¿por qué celebra Navidad?”. Eso, es para mí, el equivalente de Homero Simpson preguntando “si era tan listo ¿por qué se murió?”. En primer lugar les recuerdo que la Navidad es una fiesta pagana. Que en el antiguo testamento en ningún lugar se menciona fecha del nacimiento de Jesús y que el origen de la festividad se debe a la celebración del solsticio de invierno. No hay Jesús por ningún lado. Por otro lado, fui educada en una familia católica y estudié en colegio católico. No odio a la religión ni a los religiosos. El arte religioso me parece hermoso y agradezco a la iglesia católica por haber permitido nacer dentro de su seno el método científico. Las iglesias me parecen bonitas y su arquitectura es algo muy especial, además de que me he topado con monjas y curas tolerantes y buenas personas a lo largo de mi vida. Mi ateísmo no se debe para nada a un odio hacia la religión católica (lo cual me parecería un motivo muy ridículo y adolescente para ser ateo) sino más bien a que encuentro difícil creer y considerar el catolicismo algo más que mitología.

No todos los ateos nos creemos mejores que los religiosos. Ni más inteligentes. He conocido gente inteligente tanto atea como creyente y lo mismo puedo decir de los imbéciles. Hay imbéciles en todos los bandos. También he conocido gente a la que la religión le hace bien y gente a la que le hace mal. Todo depende del individuo.

Así pues, les digo que yo celebro Navidad. Adoro los festivos religiosos (principalmente porque significan días libres, pero en otra medida porque me gustan las tradiciones como las de Semana Santa. Me parecen algo interesante de ver) y no me derrito si entro a una iglesia o si rezo una novena. Canto villancicos sin el fervor católico pero aprecio mucho diciembre y sus reuniones familiares. Amo ver a mi familia, reunirme con ella y desearles feliz Navidad el 24 a las 12 de la noche como una expresión para manifestar amor y buenos deseos hacia esas personas con las que me une la sangre.

No me pida que no celebre Navidad ni que trabaje los festivos, así como yo no le pido que no celebre Halloween si no cree en brujas. Tampoco creo en ellas y suelo disfrazarme el 31 de octubre. También pido dulces y no soy niña. Más bien seamos menos amargados todos y alegrémonos en fechas que sirven para la unión familiar y para crear nuevos propósitos de vida. Alegrémonos de las tradiciones que, al fin y al cabo, son una importante manifestación de ser humanos.

ah… y feliz año nuevo. Yo sé que no pasa nada realmente del 31 de diciembre al 1 de enero, pero es otra bonita costumbre.

Dear Diary

9 Jul

Today I am writing this in English and the reason is very simple: I don’t want my parents to worry about me. I don’t want them to think there is something wrong. But there is.

 

Truth be told, I’ve been depressed for a while now. I’m already used to having ups and downs but this time down isn’t going up and it feels like I have to drag myself to do the usual daily tasks. I drag myself from bed, I drag myself to work, I drag myself home again and so on. I try to put a smile on my face and laugh because I believe that maybe I can fool myself into feeling good but it hasn’t been possible. I try hard to fool myself but I guess I’m not that stupid.

 

And yes, I know depression lies, I know there is a bright world outside my dark mind and I know nothing horrible is going on and yet I can’t find reasons to be joyful, happy or even relaxed. I’ve read that my new anti-seizure meds can cause depression, hallucinations and more side effects and currently I really hope it’s that and not that Prozac stopped working for me. I need to go to the doctor, I know, but I’ve been too much to the doctor lately (with my brain aneurysm and all that I had to live last year). I think I probably need a shrink, but I need the neurologist first and it sucks to think about so many doctor appointments I need to get just to fix a little switch in my brain.

 

My brain is all fucked up. I guess it has always been like that and I’ve managed to live with it. It’s not like I’m going to flirt with suicide. I don’t want to kill myself; I just want to stop living. So that’s exactly how I feel right now: without any will to live. Without hope and it also drives me mad because there is no reason to be hopeless. I have a beautiful marriage, awesome parents, three cute cats, a nice job, videogames and books and still life doesn’t seem worth living.

 

Maybe that is what gets me angry the most: my inability to shake this depression away with all the good things I have. I don’t want to seem ungrateful, but I am. I don’t even know whom should I be thankful to because I don’t believe in God, but at least I should be able to be grateful to the people that stand by my side everyday. I guess this too shall pass, like so many depression periods before this one and many ones that will come. Rationally I KNOW the world is not bad and I KNOW this is just the lack of serotonin talking, but emotionally FEELS a little bit different. It feels like a tunnel with no way out. A tunnel that you walk and just takes you deeper and deeper into some unknown darkness. Like a bottomless pit that you know can’t possibly be bottomless, but totally feels like it. You just want to reach the bottom and find a way out but instead you keep falling and falling. This sucks. Stupid bottomless pit. Stupid dark tunnel.

 

Writing this is a way to let my feelings out so that they don’t drown me. I’m not looking for help or trying to get attention. I just wanted to post this so that maybe by letting words come out I can feel the brightness come in again.

7 meses después de Fuckencio

15 Apr

Es 15 de abril. eso es casi 7 meses después de la hemorragia cerebral causada por el aneurisma que casi me mata y hoy, con menos secuelas que cuando escribí la última entrada, puedo decir que estoy bien. Muy bien. Me hormiguea el lado derecho del cuerpo y me tiembla. Me cambiaron los anticonvulsionantes porque se me estaba cayendo el pelo, estoy más miope y ya tengo gafas permanentes, pero estoy bien. Mejor que bien.

Por alguna razón estoy nostálgica y hoy pienso en mi papá, mi mamá y mi hermanita. En su dolor de esos días de clínica porque yo ahora hago bromas con lo que viví, con lo que le pasó a mi cuerpo, pero jamás voy a poder saber lo que ellos vivieron y el infierno que su vida fue al pensar que una de sus hijas (o para mi hermana, su única hermana) se moría frente a sus ojos. Mi mamá me preguntó que qué sentiría yo si Aníbal, uno de mis gatos, se enfermara de gravedad. Al imaginarlo sentí dolor y pude imaginar un poco de lo que ellos vivieron, pero solo un poco. Un poco, muy poco. Mi mamá también me dice que no tengo nada que agradecerles a ellos porque son mis padres, porque lo mínimo que debían hacer es cuidar mi vida y preocuparse por mí, pero yo siento que me quedo corta en agradecimientos cada vez que pienso en todo lo que hicieron. Me siento muy boba también, pero eso es normal.

En un mes me voy con ellos para la playa. Con ellos, con mi abuela, con mi hermana, con mi esposo y con el novio de mi hermana y es increíble la emoción que me inspira ese paseo. Ya quiero que llegue el día de tomar ese avión y pasar 5 días en la playa jugando como si fuera una niña chiquita. Recordando los mejores paseos de infancia y atesorándolos como se debe para ahora sumarles este paseo de adultez en el que no me voy a negar nada. Ningún momento de felicidad y ninguna hora de dicha familiar. Mi familia casi me pierde a mí y yo desde el más allá no iba a extrañar a nadie, pero este regreso a la vida me ha hecho apreciar cosas que antes no veía, entonces cada día es una oportunidad de vivir de verdad. Estoy tan optimista que me provoca pegarme, pero también estoy feliz y libre de dolor (físico y emocional).

Entonces… siete meses desde que se me reventó un aneurisma en el cerebro. 7 meses desde que me dio por coquetearle a la muerte y a la tullidez, pero también siete meses desde que me volví una mejor persona (aunque no se note mucho) y 7 meses desde que causé un dolor inhumano a las personas que más me aman en la vida y quisiera remediar eso. Hacer algo que los haga felices para que olviden el trago amargo de septiembre de 2013 pero no tengo superpoderes y ellos no van a olvidar esa experiencia jamás. Lo mejor que puedo hacer es tratar de seguir siendo yo, seguir diciendo estupideces que los hagan reír y tratar de ser mejor hija y hermana.

Mi cerebro falloso

20 Nov

Uno no es consciente de su cuerpo si no le duele o le pica o le arde. Mejor dicho, si no le molesta.

Si hay algo de lo que siempre he sido muy consciente y es de que tengo cabeza porque siempre me ha dolido. Desde hace unos años todavía más, pero desde el colegio el dolor estaba ahí. Primero se iba con analgésicos en pastillas como acetaminofén, ibuprofeno y ácido acetilsalicílico y luego, desde que me fui a vivir a Bogotá y tuve un jefe muy violento que gritaba por todo y golpeaba el computador, los dolores de cabeza me empezaron a mandar a urgencias y ya las pastillitas no servían. Ya era la chuzada con diclofenaco, tramadol o no sé qué y siempre siempre tenía la presión arterial alta.

En una de esas idas a urgencias me dieron una remisión a neurólogo y cuando llamé a Compensar (la EPS que tenía en ese entonces) me dijeron que esa remisión la tenía que autorizar un médico general de ellos que me revisara, que lo que tenía que hacer era pedir una cita y esperar a ver qué decía ese médico. Eso hice y la mujer que me atendió decidió que no era necesario ir a un neurólogo, pero me mandó una resonancia magnética sencilla (sin contraste ni especificaciones). Cuando le llevé los resultados me dijo que todo estaba bien en mi cabeza y que mejor me resignara a que iba a tener migrañas toda la vida. Que más bien detectara por mi cuenta si algo me las causaba y eliminara eso de mi vida.

Le hice caso a la doctora y me resigné a tener que llamar a Emermédica cada vez que el dolor fuera insoportable e incluso los médicos de Emermédica me dijeron en varias oportunidades que no era normal, que me hiciera revisar, pero yo ya estaba cansada de lidiar con las EPS y de estar contando que me la pasaba con dolor de cabeza. Incluso llegué a pensar que yo era muy débil y que a la mayoría de gente cuando le dolía la cabeza como a mí, simplemente se aguantaban o se les pasaba con un Dolex. Pasó el tiempo, los dolores siguieron, me casé, adopté otra gata y finalmente regresé a vivir a Cali buscando alejarme de la intranquilidad de Bogotá. Eso que dicen que a uno la provincia lo puede hacer sentir mejor y todo eso, pero no, los dolores siguieron aún cuando no había nada que me estresara y mi trabajo aquí fuera ideal. Vinieron pues en septiembre unas dos semanas horribles con muchos dolores de cabeza, dificultad para dormir y muchas visitas de Emermédica y a urgencias. En una de esas visitas me mandaron a la clínica Sebastián de Belalcazar porque el dolor no bajaba y la presión arterial tampoco. Estaban por aplicarme morfina cuando la presión bajó y el dolor llegó a niveles manejables. Me hicieron un TAC, pero nunca me vio un neurólogo. Le dije a mi mamá bromeando que yo no me podía morir porque ya se acercaba el cumpleaños de mi papá y sí, llegó el cumpleaños de mi papá, lo celebramos y yo seguía viva, pero dos días después estaba casi muerta. Yo no recuerdo nada, lo que sé es porque me lo cuentan, pero de repente me desperté en una Unidad de Cuidados Intensivos, pero no me desperté del todo. Yo me despertaba y me volvía a dormir casi de inmediato y lo que fui conociendo de mi condición es por lo que escuchaba entre dormida a enfermeros y médicos. Escuchaba que había tenido un sangrado subaracnoideo en el cerebro, escuchaba que había sido un aneurisma, escuchaba a un vecino de la UCI tomarse fotos en su Blackberry y coquetearles a las enfermeras, escuchaba visitantes ruidosos y escuchaba a mi familia cuando iba. Luego supe que había convulsionado, que mi esposo había llamado a Emermédica y a mi papá y que me habían llevado a un clínica domde descubrieron que había un aneurisma roto que había causado una hemorragia en mi cerebro y eso la convulsión. Supe que la hemorragia era Fischer IV y que eso quería decir que era muy grave. Supe que les dijeron a mis papás y a mi esposo que tenía un pie en la tumba y que si no me morí sangrando, me podía morir en la cirugía. Sellaron el aneurisma con un procedimiento menos invasivo que romperme el cráneo y todo salió bien por fortuna. Luego de eso llegaron los días en la UCI y luego los días hospitalizada y luego los eternos días de incapacidad que nada que terminan.

Como yo al principio no sabía la gravedad de lo que me había pasado, pensaba que salía de la clínica de una a trabajar o viajar, pues tenía un viaje de cumpleaños programado para noviembre. Lentamente me fui dando cuenta de que así no sería. Cuando abrí los ojos supe que no veía y luego cuando veía un poco supe que tenía estrabismo. Yo decía “me siento bizca” y sí, estaba muy bizca, pero a nadie le importaba porque estaban muy felices de que estuviera viva. Luego me dieron la primera incapacidad que iba hasta el 15 de octubre y yo seguía pensando que mi viaje a la playa sí se podría realizar. Yo ya me veía después del 15 de octubre saltando, corriendo y en vestido de baño, pero así tampoco fue. No solo veo mal, sin brillo y con poco contraste, sino que camino mal también. Tengo las extremidades del lado derecho dormidas y me hormiguean constantemente. Esta semana en la fisioterapia supe que ese hormigueo no se me iba a quitar, la fisioterapeuta dice que al menos no con fisioterapia, que le pregunte al neurólogo, pero a pesar de lo terrible que suena, no me puedo quejar (o al menos no me debo quejar) porque si se considera lo que me pasó, voy muy bien. Voy recuperándome mejor que la mayoría de gente que sufre las consecuencias de un aneurisma y más aún con las características del mío. Me han visto y me siguen viendo varios neurólogos y todos coinciden en que mi recuperación ha sido asombrosa. Coinciden en que estoy muy bien, pero ellos no son yo. Ellos no se despiertan cada mañana esperando ver mejor que el día anterior y soñando con colores brillantes para ver el mundo muy oscuro. Esto del aneurisma me va a enseñar la paciencia que nunca he tenido y aunque me trato de mantener optimista, hay días deprimentes. También me va a enseñar a ser agradecida con la suerte o la providencia o algo, porque pude quedar ciega o verdaderamente tullida, pero mi tragedia es mínima y mis secuelas serán imperceptibles, creo.

Han pasado dos meses y algunos días desde la primera convulsión que desencadenó que descubrieran al aneurisma. Dos meses de la hemorragia cerebral y dos meses de algo que fue una pesadilla para familia y amigos. Me duele el alma al pensar en todo lo que ellos sufrieron mientras yo estaba perdida en la somnolencia de mi cerebro hinchado y ahora cuando la gente me cuenta la angustia me siento terrible al no haber podido darles aliento mientras casi moría. Hoy me duelen las lágrimas que derramaron mis papás, mi hermana, mi esposo y mis amigos hace dos meses y les agradezco haber estado allí para mí de manera incondicional y es gracias a todos ellos que me es más fácil mantener el optimismo en los buenos días o recuperarlo en los momentos más desesperanzadores.

Ahora pienso en mi esposo porque lo estoy mirando con mis ojitos bizcos mientras escribo esto y pienso en todo lo que ha sufrido porque le tocó y aún le toca lidiar conmigo: llevarme a terapias, ayudarme a subir y bajar escaleras, no desampararme. Yo quiero ayudarle y ser mas autosuficiente, pero de veras que a veces no puedo y eso me da más ira. ¿Saben lo frustrante es intentar pararse y no poder? sentir que el cuerpo lo devuelve a uno. Yo siempre he sido torpe, pero sentir esa torpeza maximizada es muy frustrante y duele también.

Pero ahora pienso que han sido dos meses duros que en realidad nos han enseñado cosas, que nos han unido como matrimonio y en los que me di cuenta de que mi esposo es ideal en muchos sentidos, aunque hubiera preferido saberlo sin el derrame. Dos meses después de la hemorragia que pudo matarme y estoy acá contando el cuento que Nicolás ya contó, usando mi cerebro, mis manos y mis piernas. Dos meses en los que he pasado por muchas etapas de ánimo y sentimientos y ahora me preparo para regresar al trabajo, ver El Hobbit, terminar Lyonesse y seguir disfrutando de todo lo que me habría perdido si el aneurisma se hubiera salido con la suya.

Finalizo este post agradeciendo nuevamente a mi familia y amigos y a los amigos de los amigos y amigos de la familia. Gracias por sus oraciones, buena vibra, buenos deseos que siempre implicaron un cariño hacia mí o hacia mis papás. No saldré de esta experiencia creyente y renovada en mi fe, pero sí con mucho amor por las personas que me ofrecieron sus buenos deseos.

En algún lugar de mi cerebro falloso se alojaba el maldito Fuckencio esperando estallar cuando me arruinara un viaje a la playa. O para matarme. No sé.

En algún lugar de mi cerebro falloso se alojaba el maldito Fuckencio esperando estallar cuando me arruinara un viaje a la playa. O para matarme. No sé.

El derecho al odio

3 May

Hay elementos de la cultura popular tan enquistados en las personas, que parecen ser parte de ellos. Parte de sus personalidades. Canciones, artistas, películas, libros… obras que se vuelven religiones de la época. De culto. Cosas que todos debemos apreciar si no queremos vernos como ignorantes o peor aún, dios no lo quiera, como estúpidos. Y todos le temen a la ignorancia y a la estupidez y sobre todo a verse ignorantes o idiotas. Yo digo que hay que liberarse y liberar a los demás para permitirnos y permitirles la hermosa opción de odiar. En Ratatouille, Gusteau decía: todos pueden cocinar y yo hoy les digo: todos podemos odiar. Adelante, sin miedo.

Con uno de mis mejores amigos, hace unas semanas hablábamos de lo mucho que nos había aburrido el Batman de Nolan. De lo infinitamente decepcionante que había sido recorrer Bogotá buscando boletas para El Caballero de la Noche, para encontrarnos con una película en la que lo más emocionante dura 10 minutos. Luego ver años después la secuela, entretenernos moderadamente, pero luego pensar bien las cosas y apreciar únicamente a Bane por su hablado raro, sentirnos tristes por el desperdicio de Anne Hathaway e iracundos por la exagerada voz de Christian Bale. Luego, con ese amigo, hablamos de cómo Iron Man sí nos divertía y cómo PARA NOSOTROS, Iron Man era más entretenido. Mi amigo me dijo si publicaba un estado de Facebook en el que mencionara este hecho, los fanboys enajenados me iban a caer en bandada. Callenge accepted. Y sí, tenía razón. Lo que no entiendo es por qué cuando digo que para mí algo es de cierta manera, debe saltar gente a decir que no. Que así no es. ¿Cómo así? ¿así no es para mí? Es solo una opinión. Es como si dijera que opino mi mamá es la mejor del mundo y salieran los demás a decir que así no es.  ¿Están diciendo que no es verdad que yo piense que mi mamá es la mejor del mundo? ¿están diciendo que no puedo pensar que mi mamá es la mejor del mundo? No entiendo.

Y así sucede con todo. Me llama mucho la atención ese hecho. Me pregunto si pasa que las personas buscan aprobación de sus pares y sienten que por eso todos deben estar de acuerdo con sus gustos. Me pregunto si sus gustos los definen tanto como para sentir que cada cosa que les dicen en contra de sus aficiones deba ser tomada como una afrenta personal. Si todo es tan frágil en su mundo que cualquier manifestación de odio contra lo que les gusta debe parecer una falta de respeto. ¿Y respeto a qué? ¿Me están pidiendo a mí, una persona que considera que ni siquiera la religión debe estar protegida por ese domo de respeto, que respete una película, una serie, una canción?

Curioso también es que las personas que saltan como hooligans enardecidos cuando alguien se queja de su película favorita (puede ser Amélie, Trainspotting o Fight Club), son los que escuchan un reguetón o un vallenato y emiten juicios de odio en contra de esta música y sus oyentes. O se burlan de los que van a ver El Paseo II. O consideran de inferior coeficiente intelectual a las niñas buenonas que se derriten con canciones de Fonseca y leen a Coelho. Ahí sí están bien la burla y el odio. Ahí sí está bien el irrespeto. Esa selección tan acomodada es lo que me molesta. No el odio, el odio es bueno y todos deberían tener derecho a odiar mientras no haya agresión. Odiar es liberador y no veo por qué tenemos que sufrir cuando alguien odia lo que amamos. ¿Que Thom Yorke parece siendo estripado por una boa cuando canta? ¿Que Radiohead es más aburrido que una piyamada con Galat? ¿Que Agatha Christie era una vieja cliché con historias predecibles? ¿Que los libros de Yasunari Kawabata están llenos de metáforas aburridas y nunca pasa nada? ¿Que John Waters es un mariconazo explotador de las miserias humanas para hacer películas malísimas? ¿Que Britney Spears está loca, Robert Downey Jr. es enano y Leonardo Dicaprio es gordo y jamás ganará un Óscar? ¿Que Terry Pratchett ya tiene un pie en la tumba y un adulto no debería estar perdiendo su tiempo en el Mundodisco? ¿Que mis gatos son incapaces de sentir amor por mí porque los gatos son malvados y egoístas? Así como estas, hay cientos de objeciones más en contra de lo que me gusta, válidas para algunas personas, inválidas para mí. Lo que importa es que todos tienen derecho a odiar a Radiohead, a odiar el ronroneo de los gatos, a odiar El Rey León, a odiar lo que quieran.

¿Si podemos irrespetar a Mahoma, por qué no podemos irrespetar a Tyler Durden? Mockus dijo que la vida es sagrada, pero sagrada es una palabra que detesto. No hay nada sagrado y los gustos de las personas sobre todo no tienen por qué estar en esa categoría.

Y claro, claro que sí tienen derecho a odiar lo que digo. Pero piensen honestamente qué aura de santidad tiene, por ejemplo, Sylvia Plath, para que todo aquel que ose odiar su obra, sea tildado de maldito ignorante. Y pregúntense por qué aquel que, en cambio, diga que E.L. James es basura, sea aplaudido como erudito. ¡Y claro que es basura E.L. James! Pero así como podemos burlarnos de la pésima manera de escribir de esta calenturienta y cuarentona señora, alguien, en el mundo, puede sentirse infinitamente aburrido leyendo Sylvia Plath, satirizar sus poemas, si quiere. Odiar. Hacer uso de su derecho a odiar.

Image

Esta serie de libros es algo que todos podemos odiar y siempre estaremos de acuerdo.

Follow

Get every new post delivered to your Inbox.

Join 39 other followers